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La actividad cultural del Banco de la República: aspectos administrativos y presupuestales
 

Introducción

La preocupación por los aspectos económicos de la actividad cultural ha crecido mucho en las dos últimas décadas. Una fuente de esta preocupación es sin duda el impacto sobre las entidades culturales de aportes estatales y privados decrecientes, sobre todo durante la década actual. La otra tiene que ver con la reasignación de funciones del Estado y el predominio de visiones económicas que prefieren que sea el mercado quien distribuya los recursos entre diversas actividades sociales. Hace algunos años todos daban por supuesto que el Estado debía apoyar las artes y la cultura, y consideraban que esto era conveniente. Hoy encontramos múltiples argumentos en sentido contrario: los que consideran que es contrario al interés social subsidiar con los recursos de todos a unos consumos culturales de los que se benefician elites que podrían pagar por las operas, conciertos y exposiciones que quieren ver; los que, admitiendo que es lógico que existan subsidios para estas actividades, prefieren que el subsidio se deje en manos de entidades intermedias, fundaciones y organizaciones de la comunidad, pues consideran que la asignación de recursos del Estado es muy arbitraria, políticamente motivada e irracional, y que las entidades que logran el apoyo de éste no son las que más contribuyen al desarrollo cultural sino las que pueden hacer un lobby más activo. Como resultado de estudios reciente que, quizás modificando un poco las definiciones de lo que es cultural para incluir sectores de las industrias de la recreación y del turismo, las telenovelas y las revistas de espectáculo, muestran que el peso de la actividad cultural en el Producto Bruto de los países avanzados, es más alto de lo que se pensaba, del 3 o 4 %, se ha argumentado la irrelevancia para el sector cultural de aportes estatales que raras veces llegan al 0.1% del PIB. (En el caso colombiano, para llegar al 0.1% del PIB, el aporte estatal debería ser cercano a 150.000 millones de pesos anuales, lo que parece aún lejano). Los problemas de determinación de los precios de los bienes culturales, los consecuencias de los subsidios sobre la productividad y los costos, son también áreas de interés en la que se han producido interesantes estudios en años recientes.  

 Los aspectos centrales de los debates económicos son conocidos, desde los artículos clásicos de Baumol hasta los libros de Frey y Heilbrun o el volumen The Art and the World Economy, que recoge las ponencias del seminario de Salzburgo de 1993.[1] La relevancia de estos trabajos es indudable, y han servido a veces para orientar el debate pragmático en el país. Para mencionar un ejemplo sencillo, el Banco de la República decidió en 1997 eliminar el costo de entrada a la colección permanente y las exhibiciones de Artes Plásticas de la Biblioteca Luis Ángel Arango, después de una discusión en la que se arguyó que era razonable eliminar el cobro pues el costo marginal del bien en cuestión, considerable en buena parte como un bien público, tendía a cero, y que podía esperarse un comportamiento elástico de la demanda; en sentido contrario, argumentos sobre la capacidad de cobrar por algunos de los beneficios privados de los usuarios han surgido como apoyo a decisiones que han permitido que los servicios propiamente de biblioteca hayan multiplicado su facturación en los últimos tres años. 

 Por otra parte, la visión que se tenga del papel del estado, y en particular del gobierno central, en la actividad cultural, define en buena parte la prioridad que se de a cierto tipo de medidas: el gasto directo, probablemente menos eficiente; la generación de incentivos, en esencia de tipo tributario[2]-exenciones y deducciones, pero que pueden incluir otros mecanismos-, créditos, apoyo a la capacitación, acceso a recursos, para que instituciones e individuos privados ofrezcan los servicios que podría pagar el estado, mediante la constitución de fundaciones con dotaciones financieras que permitan sostener indefinidamente cierta actividad, el patrocinio o la simple donación a entidades culturales, públicas o privadas[3]; la creación de un ambiente regulatorio que reduzca los costos transaccionales, hoy inmoderamente altos en Colombia, para las actividades culturales[4]; una mejor definición legal, más ágil, de los derechos de los artistas y creadores culturales; el impulso por el estado a mecanismos de información y acceso que hagan más eficiente el encuentro de la demanda y la oferta de bienes culturales, el estímulo a las industrias culturales. Un obvio problema es si vale la pena destinar importantes recursos estatales al subsidio de actividades finales (espectáculos musicales, teatrales y artísticos) orientadas con frecuencia a públicos de alto nivel económico y social, frente al uso alternativo, probablemente más democrático y socialmente justificado, de los mismos recursos para promover la creación una infraestructura básica y la formación, sobre todo en el sistema escolar, de un público amplio capaz de disfrutar y demandar esos productos culturales. Tampoco puede olvidarse que el gasto cultural se da en un marco bastante político, y probablemente responde más que a las demandas específicas de la sociedad, al interés del gobierno de influir sobre ciertos sectores sociales influyentes, generando vinculos que no dejan de tener elementos clientelistas, con importantes grupos de intelectuales. Y por último, hay que tener presente el riesgo de que a través de la financiación de la actividad cultural se busque imponer una "política cultural" orientada por el Estado, en vez de crear y ofrecer oportunidades para que los diversos sectores del país desarrollen sus diferentes proyectos culturales.  

 No me corresponde debatir en detalle estos temas, y después de esta introducción me limitaré a presentar, en la forma más escueta y bucrocrática posible, la experiencia reciente del sector cultural del Banco de la República. [5] 

I. Los orígenes 

 En el mundo, casi todos los bancos centrales realizan alguna actividad cultural, muchas veces como complemento al desempeño de sus funciones principales.[6] En el Banco de la República existen importantes razones históricas concretas que explican la fuerte participación de la institución en estas actividades, además de razones que justifican la continuación actual de estas tareas. El Banco, como comprador único legal de oro, recibía ocasionalmente piezas precolombinas, que fueron conservadas por un su interés estético, artístico o histórico. A partir de 1939 estas piezas se reunieron en un Museo del Oro, que permitió una exhibición permanente y el desarrollo gradual de las políticas relativas al patrimonio cultural precolombino.  

 Del mismo modo, el Banco desarrolló una pequeña biblioteca para uso interno desde su fundación en 1923. A partir de 1933, y con el objeto de permitir utilizar a la comunidad los recursos de la biblioteca, se abrió al público durante cuatro horas y media a la semana. Una interacción entre la demanda del público y la respuesta del Banco, que ampliaba y mejoraba los servicios y colecciones, condujo a la ampliación de los horarios y, a partir de 1945, a una modificación substancial de la estructura de la colección, que dejó de ser especializada en económica y derecho económico para ampliarse a los diversos aspectos de la cultura colombiana. Desde entonces el Banco asumió como una tarea propia la prestación de un servicio de biblioteca general.  

 Durante la gerencia de Luis Ángel Arango se decidió construir una sede propia para la Biblioteca del Banco, la cual fue abierta en 1958, y recibió el nombre del gerente recientemente fallecido. Posteriormente se inició la construcción de la sede del Museo del Oro, abierta en 1968. La nueva sede de la biblioteca fue escenario habitual de exposiciones de arte y se abrió una sala de audiciones musicales, lo que condujeró al desarrollo de una colección de obras de artes plásticos (iniciada pocos meses antes de la apertura, en 1957, con la compra de la Mandolina de Fernando Botero) y a la construcción de una sala de conciertos en 1965. 

En forma paralela se formaron pequeñas colecciones bibliográficas en las sedes regionales del Banco, y hacia la segunda mitad de la década de 1970 se diseñaron sedes y áreas culturales en varias sucursales.  

 En 1982 el Banco reorganizó sus actividades culturales y decidió establecer una subgerencia que orientara estas actividades, definiera políticas y estableciera mecanismos apropiados de planeación y coordinación.   

II. Las líneas de trabajo

 

En la actualidad el Banco centra su actividad en el desarrollo, mantenimiento y puesta en servicio de una serie de colecciones y en la prestación de servicios derivados de estas colecciones. Las colecciones son de oro precolombino, monedas y billetes, estampillas, artes plásticas y material bibliográfico, documental y musical. La colección de oro precolombino está a cargo del Museo del Oro, con museos del oro más pequeños en Cali, Santa Marta, Armenia, Pasto, Ipiales, Pereira y Cartagena. La colección filatélica está en el área cultural de Medellín y se exhibe allí. La Biblioteca Luis Ángel Arango tiene a su cargo las colecciones de artes plásticas, numismática, y las colecciones bibliográficas, documentales y musicales que se encuentran en Bogotá, y coordina los aspectos técnicos de las bibliotecas de Cartagena, Tunja, Pasto, Ipiales, Manizales, Pereira, Ibagué, Girardot, Riohacha, Quibdó, Leticia y Honda. La colección de Artes Plásticas, que se ha enriquecido recientemente en forma substancial con la donación de Fernando Botero, que incluye 85 obras suyas y 70 obras de arte internacional del último siglo, se exhibe en forma permanente en la Casa de Exposiciones; la colección numismática tiene su sede en la Casa de Moneda.  

Adicionalmente, la Biblioteca Luis Ángel Arango realiza exposiciones temporales en su sede de Bogotá, programa conciertos en la Sala de Conciertos, y prepara exposiciones itinerantes para las diversas sedes del Banco en otras ciudades del país. 

La subgerencia cultural dirige y coordina el conjunto de actividades culturales del Banco, y desarrolla una programación cultural en las sucursales, que incluye programas relaciones con los servicios de información (conferencias y seminarios sobre aspectos de la cultura colombiana), artes plásticas (exposiciones temporales) y música (conciertos y salas de audición musical).  

El Banco, además, orienta las actividades de tres fundaciones: la Fundación de Patrimonio Cultural, la Fundación de Investigaciones Arqueológicas y la Fundación para la promoción de la Investigación y la Tecnología.  

Como complemento de estas actividades, el Banco publica el Boletín Cultural y Bibliográfico y el Boletín del Museo del Oro (solamente en Internet, a partir del año 2000), así como una serie bibliográfica de contenido histórico y catálogos y otros materiales derivados de sus programas normales.  

 Estas actividades tienen un fuerte impacto sobre el país: en 1998 5.600.000 personas entraron a las salas de lectura de las bibliotecas del Banco, 240.000 personas visitaron las exposiciones del Museo del Oro, 300000 asistieron a las exposiciones de arte y 90.000 escucharon los conciertos ofrecidos por el Banco. En Bogotá, la Biblioteca Luis Ángel Arango, con sus 2.500.000 usuarios, fue en 1998 la biblioteca con más visitantes del mundo. La página de Internet del Banco es hoy la página colombiana con un mayor número de consultas, la mayor parte de ellas a las áreas de información y contenidos culturales.  

III      Objetivos y justificaciones 

El Banco considera justificada la realización de su gasto cultural por varias razones: 

El papel tradicional que ha tenido en la conformación de colecciones importantes para la configuración de diversos aspectos y componentes de la cultura colombiana. De esta manera se confirma la capacidad y la vocación de los Bancos Centrales de crear, a veces en forma muy relacionada con sus actividades (como en el caso de las colecciones numismáticas y de orfebrería) y a veces en forma más distante (como las colecciones de artes plásticas y materiales bibliográficos y documentales), colecciones de relevancia e importancia para el patrimonio cultural nacional.  

La posibilidad de prestar un servicio de importancia a la población del país, centrado en el acceso de las colecciones de que dispone, en condiciones que permitan el acceso sin discriminación de todos los sectores de la población. En este caso, además, la conservación y mantenimiento de colecciones cuyo beneficio social se extiende intergeneracionalmente, justifica un esfuerzo en el que es muy probable que los beneficios sociales sean mucho mayores que los beneficios individualizables.  

La posibilidad de realizar su actividad cultural con base en criterios administrativos estrictos, derivados de su propia práctica administrativa normal. Los procedimientos de planeación, contabilidad, asignación presupuestal, gestión de recursos, evaluación de resultados y en general toda la administración cultural se benefician al apoyarse en una experiencia administrativa exigente, y permiten niveles de eficiencia que no son frecuentes en la administración cultural del Estado.  

La posibilidad de desarrollar políticas de largo plazo, sin modificaciones intempestivas, con un personal estable y con un flujo de recursos presupuestales previsible con varios años de anticipación. Esto evita que los programas de suspendan sin que hayan concluido su desarrollo, permite una evaluación mejor de resultados, conduce a la formación de un personal dedicado, con experiencia y afecto por su trabajo. 

La posibilidad de aprovechar importantes economías de escala y generar sinergias con el resto de sus actividades normales, que incluyen aspectos como la gestión de seguros, el movimiento y transporte de valores, el desarrollo de sistemas informáticos complejos y de sistemas y mecanismos de seguridad, la compra de equipos electrónicos, etc.  

El desarrollo de una relación entre el Banco y el público que refuerce la confianza en el Banco por parte de la población colombiana.  

IV Principios y criterios de gestión 

 Quizás podrían enunciarse los criterios generales que guían la actividad cultural del Banco en los siguientes apartes: 

1. Complementariedad. La actividad del Banco de la República se concibe como un sector de la actividad cultural del Estado y de la sociedad colombiana. Por ello, se desarrolla en coordinación estrecha con las entidades culturales públicas y privadas. Las actividades de las diferentes entidades deben ser complementarias: el Banco mira con simpatía que otras entidades públicas y privadas realicen actividad culturales, desarrollen colecciones especializadas o establezcan museos y bibliotecas; por ello promueve activamente esos desarrollos y coopera técnicamente con quienes así lo hacen. Igualmente, considera importante que se tenga conciencia de que la mayor parte del costo de los bienes culturales producidos en el país es pagado por los particulares, a través de mecanismos de mercado, y que es importante estimular las institituciones y mecanismos de producción de bienes culturales cuyos costos sean asumidos por los usuarios. 

2. Especialización. Al ser un sector limitado de la actividad cultural del Estado, es importante definir y limitar con precisión las áreas de acción propias. El Banco de la República realiza sus actividades exclusivamente - y no solo por decisión administrativa, sino por mandato legal -a través del Museo del Oro, la Biblioteca Luis Ángel Arango y las áreas culturales de las sucursales, y sólo actúa en las áreas de bibliotecas, artes plásticas y música.  

3. Planeación de Largo Plazo. La actividad cultural del Banco se centra en proyectos de largo plazo. Estos proyectos permitieron, por ejemplo, la apertura en 1996 de uno de los mayores museos de Hispanoamérica -la colección permanente de Artes Plásticas de la Biblioteca Luis Ángel Arango.- y la puesta en servicio de la exhibición de numismática. Para la próxima década estos proyectos se centran en la ampliación del Museo del Oro, que culminará en el año 2005, la adecuación y desarrollo de las áreas para la colección de artes plásticas, en particular para la colección Botero que se abrirá en la segunda mitad del año 2.000 y el crecimiento de los servicios no presenciales y en red del sistema de bibliotecas. Entre estos, debe destacarse la digitalización prácticamente integral del patrimonio bibliográfico colombiano o relativo a Colombia desde 1492 hasta 1900, que se espera concluir para el año 2002 y los proyectos conjuntos con las principales bibliotecas universitarias que permitirán tener en red, entre otras bases de datos, el inventario total de los artículos publicados en las revistas científicas y académicas del país. Las demás actividades se mantendrán sin expansiones o modificaciones significativas, con excepción de algunos ajustes previstos en la actividad cultural de algunas sucursales. 

4. Gestión eficiente de recursos. Dado que el volumen de los recursos que se asignan a la actividad cultural del Banco es relativamente inelástico, la gestión administrativa busca ante todo definir con precisión y claridad las prioridades entre los diversos proyectos y lograr el mayor impacto posible a partir de los recursos disponibles. Igualmente, para mantener la especialización de su personal propio en las áreas prioritarias, favorece la prestación de servicios como cafetería, edición y venta de libros, almacenes, fotocopiado y acceso a Internet mediante sistemas de concesión y con criterios al menos parcialmente de orden comercial. Del mismo modo, recurre a la subcontratación de aquellos servicios especializados que puedan ser prestados más eficientemente por otras empresas. Finalmente, estimula y apoya técnicamente el desarrollo de sistemas culturales complementarios, que puedan reducir la presión de la demanda sobre sus servicios, cuando estos se encuentran, como es el caso de la Biblioteca Luis Ángel Arango, cerca de un punto de saturación. [7] 

V. La financiación de la actividad cultural del Banco 

 El Banco de la República ha asignado tradicionalmente recursos diversos a la actividad cultural. La Asamblea Constituyente de 1991 expresó su apoyo al mantenimiento de los programas culturales del Banco y la ley 32 de 1991  definió taxativamente las áreas de acción, asignó a la Junta del Banco la definición de las condiciones y modos de acción para prestar estos servicios y definió que los gastos culturales harían parte de los gastos operativos normales del Banco.  

 Como parte de los gastos normales del Banco, los gastos culturales se comportan en forma relativamente rígida. En los últimos años han estado cerca al 10% de los gastos generales de la institución. La política presupuestal del Banco se orienta hacia una reducción o en última instancia un mantenimiento del nivel actual total de gastos, sin ningún incremento real durante la próxima década. El gasto cultural, por lo tanto, cuyo nivel actual se considera razonable, solo podrá tener incrementos moderados, inevitables por la ampliación de áreas del Museo del Oro y de la exposición de artes plásticas, y de la actividad cultural en algunas sucursales, aunque su participación porcentual probablemente se ampliará un poco. 

Jorge Orlando Melo
Conferencia dada en el Museo Nacional de Colombia, Bogotá Septiembre de 1999


[1] William Baumol, Performing arts: The economics dilema, 1966;  J. Heilbrun y C. Gray, The economics of art and culture: An American perspective,  Cambrige University Press, 1999; Robinson, Olin, ed., The Arts in the World Economy : Public Policy and Private Philanthropy: for a Global Cultural Community;  D. Vitalino, "The X-inneficiency in the public sector: The case of libraries". Public Financial Review, Vol. 25 No. 6,  Nov. 1997 

[2] En países como los Estados Unidos, donde se prefiere que la gestión directa del Estado en asuntos culturales sea reducida, se ha optado por estimular la filantropia privada o subsidiar con recursos del Estado a gestores privados, como pasa en el sistema de bibliotecas públicas de Nueva York. En un país como Colombia, con una gestión estatal de los servicios poco eficiente, un mecanismo de exenciones tributarios puede ser económicamente más conveniente que la administración estatal directa. Cuando el Estado concede, por ejemplo, una deducción en el impuesto neto igual al 50% de una donación (supuesto que no se da en Colombia, mucho menos generosa), genera un gasto cultural más de dos veces mayor al que realizaría en forma directa. Una ampliación de los beneficios fiscales podría lograr al mismo tiempo una disminución del gasto público superior a los ingresos a los que se renuncia y un aumento en la disponibilidad de bienes culturales de la sociedad.

[3] Sobre filantropia, fundaciones y empresas culturales pueden verse los libros de Francie Ostrower, The Culture of Elite Philantropy. Why the wealthy give, New Haven, Princeton University Press, 1995, Roseanne Martorella, Art and Business : An International Perspective on Sponsorship, Fox, Daniel M, Engines of Culture : Philanthropy and Art Museums  y Judit Balfe, Paying the Piper : Causes and Consequences of Art Patronage.

[4] Un concierto de música clásica debe pagar, entre otros,  impuestos de pobres, de espectáculos públicos, de subsidio al deporte y, si el músico es extranjero, de remesas. Se está discutiendo un proyecto de ley para crear una nueva contribución destinada a la seguridad social de los artistas. Una sala de conciertos de música clásica paga muchas veces en impuestos una suma total muy superior a la taquilla que lograría si vendiera todos sus puestos. Por ello, han desaparecido casi todas las programaciones privadas, pues solo es posible mantener esta programación con subsidios muy elevados, que provienen casi todos del Estado. 

[5] Una ampliación de esta presentación puede encontrarse en Banco de la República,  La actividad cultural de los Bancos Centrales. Memorias del segundo encuentro de Directores de Áreas Culturales de Banca Central,  1998, Bogotá, 1998

[6] Una visión de conjunto sobre este tema se encuentra en Yvonne Hatty Guzman, Banca y Cultura,  del Renacimiento a nuestros días, Bogotá, Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República, 1999

[7] La Biblioteca ha apoyado, por ejemplo, el progrmaa de mejoramiento de las bibliotecas distritales, desde 1996, y a partir de 1998 el plan de la Bibliored, que permitirá establecer en Bogotá cuatro "megabibliotecas" y nueve bibliotecas intermedias, que conformarán, con las bibliotecas del Banco de la República, desde finales del año 2000, el sistema integrado de bibliotecas públicas más avanzado de América Latina

 
 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Jorge Orlando Melo. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización octubre 2016
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