Principal

Columnas de prensa

Textos:

Historia de Colombia

Antioquia y Medellín

Política

Paz y Violencia

Derechos humanos

Periodismo

Literatura

Lectura y Bibliotecas

Ciencia e investigación

Educación

Política Cultural

Indice general de textos

Referencia:

Reseñas de libros

Documentos históricos

Listas y bibliografías

Jorge Orlando Melo:

Textos biográficos

Hoja de vida

Entrevistas

Contacto

Enlaces recomendados

Buscar

 

 

Bienvenido Wikileaks
 

Las filtraciónes de Wikileaks son al mismo tiempo novedosas y rutinarias. En los Estados Unidos, más convencidos que en Colombia de que las democracias no van bien con el poder de los funcionarios de esconder lo que hacen, los documentos secretos, incluso militares, se vuelven de libre acceso a más tardar a los 25 años, a menos que por razones justificadas, uno a uno, se alargue el plazo de reserva. La revisión para esto es engorrosa y difícil. En 2006, por ejemplo, ante la incapacidad de revisar los documentos que debían esconderse, varios centenares de millones se hicieron públicos de golpe, muchos de la CIA o el FBI. Hace años la CIA trató de impedir la consulta de documentos ya publicados en la serie Relaciones Externas de los Estados Unidos( Foreign Relations of the United States-FRUS): los Archivos Nacionales y el Departamento de Estado se opusieron a lo que llamaban un esfuerzo por volver a meter la crema de dientes en el tubo

Uno puede revisar todos los cables que mandaron de 1824 a 1906 los embajadores en Bogotá al Departamento de Estado, los de la Embajada de Colombia en Washington al gobierno de los Estados Unidos, los del Departamento de Estado a sus embajadores y al gobierno colombiano, los del gobierno colombiano a la embajada norteamericana. Cerca de medio millón de páginas, en las que hay sorpresas más grandes que las que han aparecido en Wiki hasta ahora –aunque no sabemos qué reserve el futuro-:algunas podrían considerarse actos de traición a la patria.
[1] Y aunque lo que se publica en FRUS es editado para no “avergonzar” a gobiernos amigos y personas vivas, la divulgación en los sesenta de la correspondencia con Colombia durante la Segunda Guerra Mundial resultó tan molesta para el ex presidente Santos que escribió una larga explicación de su alianza con Estados Unidos –aunque, no había nada realmente grave en lo revelado, se había ocultado a los colombianos, como que Colombia apoyó la venta secreta de Scadta (Avianca) a Pan American para tranquilizar al gobierno norteamericano.

Lo nuevo es que se revelen los documentos tan pronto. Muchos, como dicen las notas que los acompañan, se podrían ver en 2017 o 2018. La filtración anticipó su revelación: dentro de 10 años los interesados serían historiadores (si acaso) pero no periodistas. Y lo que revelan no es sensacional. Muestran el profesionalismo de la embajada gringa. Hasta el embajador anterior, que se escondía bajo una máscara de ingenuidad pintoresca, resulta prudente, resiste las presiones colombianas para dar información sobre países vecinos, nunca se deja meter el dedo en la boca. Los mensajes son inteligentes, sin errores obvios. Los funcionarios buscan información útil, en forma abierta, decente y sin ilegalidades: no hay indicio de teléfonos chuzados o sobornos a empleados públicos. ¿Y quién no preguntaría si Cristina o Chávez están locos?

Nada de lo que dicen es escandaloso. Por supuesto, el Departamento de Estado no es el canal para ciertos temas: no tenemos los cables sobre la lista Clinton, o el elenco de los que, junto con Chiquita Banana, sostuvieron a la Convivir Papagayo, (lista que la fiscalía encontró en un computador pero no le interesaba soltar).

Los colombianos casi nunca quedan mal: el general Naranjo expresa con cautela  una vaga  sospecha que seguramente tenían otros funcionarios. Un general del ejército, un viceministro, dicen cosas sensatas sobre los falsos positivos. Quedan bien como personas, aunque probablemente algunos cuestionen su lealtad.

Es bueno que la sociedad luche contra los intentos gubernamentales de actuar a escondidas, engañando los ciudadanos. Hay contradicciones obvias entre lo que se decía al país y a la Embajada, por ejemplo sobre las bases militares, y esto es bueno saberlo. Los funcionarios serán más precavidos al negociar y hablar con la Embajada, lo que tampoco daña a nadie.
Lo que hizo Wikileaks lo hacen siempre los periodistas, publicando lo que un empleado manipulador filtra. Los medios que han divulgado el material han cumplido con su obligación de informar, y el que copió los datos, ilegalmente pero en bien de todos, será imitado por muchos que puedan usar una cámara o una grabadora para denunciar las mentiras oficiales.

Jorge Orlando Melo
Publicada en Ambito Jurídico No. 313, 17 de enero de 2011

 

[1] Estos documentos pueden consultarse libremente, desde hace más de 10 años, en la Luis Ángel Arango.

 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Jorge Orlando Melo. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización octubre 2016
Diseño, concepción y gestión de contenido: Katherine Ríos