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Sofismas y simplificaciones
 

Cuando se habla de violencia, guerrilla y paz en Colombia, se contraponen casi siempre dos argumentos simples. Para muchos, la violencia y la lucha armada son el resultado de la miseria y la injusticia, que hacen que muchos, para buscar un país mejor, se rebelen. Otros dicen que la guerrilla existe porque hay criminales que, por influencia de ideologías revolucionarias, toman las armas para imponer por la fuerza sus ideas.
 
Es fácil ver lo unilateral de estos argumentos. El hecho de que haya injusticias, pobreza, concentración del ingreso, o una democracia imperfecta, puede explicar que haya descontentos, personas que quieran cambiar la sociedad, pero no que recurran a la violencia: decenas de países tan desiguales como Colombia, y menos democráticos, se mantienen en relativa paz. La injusticia no produce violencia, a menos que se una con otros factores, como minorías revolucionarias, en el campo o entre los jóvenes.
 
Del mismo modo, la existencia de un grupo decidido a hacer la revolución casi nunca produce guerrillas: en los países donde hay más igualdad y la democracia funciona, los esfuerzos de unos pocos comunistas por justificar la lucha armada producen risa: no es posible conseguir apoyo popular sino donde hay campesinos sin tierra, trabajadores oprimidos, autoridades arbitrarias.
 
Pero ni siquiera es suficiente que haya al mismo tiempo graves injusticias sociales, miseria y abandono (condiciones objetivas, como las llamó Belisario Betancur), junto con organizaciones promotoras de la lucha armada: en muchos países latinoamericanos ambas cosas existían, y los grupos comunistas intentaron organizar guerrillas, pero fracasaron, como pasó en Perú, Guatemala, Bolivia o Venezuela.
 
Ambos, los que atribuyen la guerrilla a la voluntad criminal de unos cuantos o los que piensan que es el resultado de la injusticia social, argumentan con base en una simplificación: toman un solo aspecto del problema y muestran que el que aducen los demás no basta para explicar los hechos, y se sienten muy seguros de la fuerza de su razonamiento. Además, para completar los sofismas con un argumento ad hominem, atribuyen al contrario una voluntad malvada. Los que creen que la guerrilla es un acto puramente criminal piensan que los intelectuales que alegan causas sociales quieren justificar la guerrilla; los otros creen que quienes niegan la importancia de la injusticia son defensores de la opresión o la miseria.
 
Lo cierto es que no puede haber guerrilla sin que existan al tiempo estas dos causas – injusticias e ideologías revolucionarias–, pero ni siquiera ellas son suficientes.
 
Colombia tiene lucha armada porque su estructura social y económica creó oportunidades para que la prédica revolucionaria, ayudada por la fascinación con Cuba, China o Rusia, pegara, pero también porque tenía una historia de guerrillas liberales recientes, porque su geografía le permitió a unos grupos débiles sobrevivir al comienzo, y por otras causas: la droga, que le dio recursos; la torpe respuesta del Estado y sus fuerzas armadas, que al usar métodos ilegales dieron nueva legitimidad a la guerrilla; la ceguera de los que promovieron grupos civiles armados, que resultaron peores que la enfermedad. Hay guerrilla porque hay factores estructurales e ideológicos, pero sobre todo por una historia real, una secuencia contingente de acciones, una serie de decisiones humanas que nos llevaron a donde estamos. 
 
Ahora que se habla de paz, hay que evitar tratar a la guerrilla como un simple grupo criminal. Pero también hay que evitar la ingenuidad de creer que para hacer la paz hay que tener primero un país justo. La paz, más que una consecuencia del fin de la injusticia, es la condición para que entre todos los colombianos, en un esfuerzo de muchos años, hagamos un país con menos injusticias.

Jorge Orlando Melo
Publicada en Ámbito Jurídico No. 375, 5 de agosto de 2013

 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Jorge Orlando Melo. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización octubre 2016
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