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¿Capuchas para la bobada?

 

Vi algunos de los videos de los encapuchados de la Distrital, y oí con atención algunos de los discursos. En uno, frente a las directivas, un encapuchado invita a estudiar y a no comer entero. En otro se ven unos 20 encapuchados, uno de los cuales hace una confusa arenga contra el gobierno y el TLC, pide el rechazo a los estudiantes que ganaron la elección interna, a los que considera paramilitares y traidores, y pide vivas a Raúl Reyes. Se queja de la mediocridad de la educación pública, y el discurso podría ser la prueba reina de ello: es incomprensible que alguien que hace un discurso tan torpe, inconexo y poco argumentado haya logrado pasar el examen de ingreso a universidad pública.

Lo oyen unos 70 o 80 espectadores, displicentes y desinteresados. No es probable que la arenga sea una buena manera de reclutar estudiantes para la guerrilla: el que se deje atraer por esa cháchara vacía e incoherente seguramente caerá ingenuamente en la primera trampa que le ponga la inteligencia militar. Los estudiantes más bien se incomodan  y aburren de estos discursos, y los oyen con la misma indiferencia que los discursos, simplistas o fanáticos como éste, de todos los grupos –religiones de todas clases, guerrilleros y paramilitares de varias persuasiones, encarnaciones de todas las formas de pensamiento de la nueva era, -que los invitan a encontrar el camino, la verdad y la vida en alguna forma de irracionalidad, credulidad y militancia.

Por eso, me parece histérica e irreflexiva la respuesta de los que quieren meter a la cárcel a esos estudiantes, y muestran el mismo desprecio por los principios del debate y de la democracia liberal que los  estudiantes encapuchados; y que son estudiantes, y de la Distrital, se nota por la rabia de que otra lista y no la suya haya ganado las elecciones estudiantiles. No creo que invitar a recordar  al “camarada” Raúl Reyes sea delito, ni que usar capucha para hacer un discurso esté definido como delito. Encapucharse contradice al espíritu de la universidad, la tolerancia y las reglas del debate académico, y por eso es censurable. Los estudiantes, profesores y directivas de la universidad deben rechazar este tipo de acciones, salirse de toda discusión en la que un encapuchado trate de hablar, sabotear a sus promotores, y no  aceptar esta forma intimidatoria de propaganda política. Y como el discurso es indicio de que algunos miembros del grupo hacen parte de redes urbanas de apoyo a las FARC, los organismos de investigación deben tratar de ver si estas personas participan en actos delictivos, si tienen armas, si cometen actos terroristas y en ese caso buscar su sanción penal.

Lo otro, meter a la cárcel a un estudiante por dar vivas a Reyes, por hacer un discurso encapuchado, forzar la ley para convertir en delito algunas opiniones, por absurdas que parezcan, es darle la razón a los encapuchados: es decir que en vez de discutir y refutar los argumentos políticos de los grupos radicales lo que vamos a hacer es aplicar la ley penal a la gente porque “comparte las ideas” de las FARC. Y cuando un estudiante se encapuche, nos podrá decir que tiene que hacerlo porque en Colombia la libertad de expresión no cubre las opiniones contrarias al sistema y porque puede terminar en la cárcel por decir lo que piensa. Y si entramos en ese camino, pronto habrá jueces acusando a quienes presenten argumentos que, según algunos, equivalen al apoyo, la solidaridad, la simpatía o la cercanía con las FARC. Y con el cuento de defender la democracia, acabaremos pareciéndonos a las dictaduras comunistas o al fascismo.

En el fondo, me parece que lo que esconde el orador, con un gorro que recuerda los gorros de burro que ponían antes los maestros a los malos estudiantes, es simplemente la bobada. Y en vez de meter a estos estudiantes a la cárcel, habría que tratar de hacerlos ir a clase, a ver si aprenden algo.

Jorge Orlando Melo

El Tiempo, 18 de septiembre de 2008
 
 

 

 

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Ultima actualización octubre 2016
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