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Cincuenta años de soledad: los errores de la izquierda
 

Izquierda y derecha son términos convencionales, sin sentido muy preciso. Una misma idea- la democracia, o el respeto de las libertades- ha sido reclamada por unos y otros: la derecha las defendió contra las dictaduras comunistas; la izquierda contra los regímenes militares o fascistas. A pesar de todo, derecha e izquierda aluden a diferencias reales de opinión o talante y no desaparecerán fácilmente del idioma.  

Simplificando, la derecha ha defendido una sociedad jerárquica, cuyas desigualdades se consideran razonables, mientras que a la izquierda se ha solidarizado con los pobres y los débiles. La búsqueda de oportunidades iguales para todos motivó su acción y le dio su fuerza. 

En Colombia, la izquierda puede identificarse, a partir de 1960, con la simpatía por la revolución cubana, el rechazo a los partidos tradicionales, la crítica a la desigualdad social y a las limitaciones de la democracia y el apoyo a grandes reformas sociales. Si uno admite que Colombia es muy desigual, y que los viejos partidos defendieron sobre todo a grupos minoritarios, lo sorprendente es que tan pocos hayan apoyado los grupos de izquierda y tantos sigan votando por los partidos tradicionales. El escaso apoyo que ha recibido la izquierda se ha explicado por los males que debía combatir: por la falta de democracia, por las restricciones electorales, por la violencia de que ha sido víctima.  

Aunque esto es cierto, son excusas débiles: donde hay menos democracia más puede la izquierda convertirse en su portavoz; frente a la violencia podía haberse convertirse, sin ambigüedad alguna, en la defensora de la paz. Mi opinión es que la izquierda falló porque busco a veces el poder sin el apoyo de la opinión o porque buscó este apoyo mediante estrategias de corto plazo, sin un proyecto atractivo para los colombianos.  

Muchas de sus propuestas han resultado, paradojalmente, contrarias a los intereses de los grupos populares y a los propios objetivos de la izquierda. Daré cuatro ejemplos que explican por qué solo ahora, cuando ha corregido algunos, el 20 o 30% de la población esté lista a respaldarla.  

1. En la década de 1960 los grupos de izquierda rechazaron el control de natalidad, promovido por el gobierno de Alberto Lleras, como una política imperialista. Se pusieron así contra las mujeres y al lado de la Iglesia.  

2. La izquierda defendió la violencia como medio de justicia social. Algunos apoyaron las guerrillas o las justificaron a nombre de la "violencia institucional" o de las fallas de la democracia. Otros le tenían simpatía: era un error estratégico, pero se trataba de héroes perseguidos por el sistema. Así desvalorizó la democracia y las libertades que reclamaba para sus amigos armados; e hizo más fácil que la extrema derecha creara organismos de retaliación, más fuertes y despiadados que la guerrilla; identificó a la izquierda con la violencia y la inseguridad y logró que el anhelo de ciudades y campos seguros, sin violencia, se identificara con la derecha. Y la existencia de la guerrilla impidió la formación de un partido fuerte que representara los sectores populares.  

3. También desde entonces se rechazó la democracia. Algunos aceptaban participar en sus rituales electorales, pero advirtiendo que no creían en ellos: se trataba de mostrar las deficiencias de la democracia burguesa. Otros promovieron la abstención, con éxito duradero. Así, la izquierda alejó del voto a los ciudadanos a los que hoy pide apoyo, y desvalorizó la democracia que defiende. 

4. También es equivocado el apoyo a algunos intereses gremiales. En el siglo XIX Marx atacó a los terratenientes que querían ser protegidos, a nombre de los empleos campesinos. Hoy, la mayoría de los izquierdistas rechazan el libre cambio y defienden un sistema en el que los ciudadanos pagan, incluidos en los precios de los productos, impuestos para subsidiar a los empresarios rurales. El rechazo al libre comercio (y al TLC) es un nuevo error. Los otros tres ya se abandonaron, pero el apoyo a los terratenientes, a costa del salario de los trabajadores, va a salirle caro, pues va contra la igualdad y el bienestar de las mayorías. 

La creencia –derechista- en que el puro desarrollo económico crea igualdad no tiene muchas bases. Sin políticas de igualdad los beneficios del desarrollo se seguirán repartiendo mal. A Colombia le han hecho mucha falta, y hoy más que nunca, partidos de izquierda, que ayuden a formar una sociedad más democrática, equitativa e igualitaria. Pero para que la izquierda logre un respaldo mayor de los ciudadanos tiene que ser más coherente, borrar los restos de tolerancia a la violencia y asumir la democracia como su único horizonte.

 

Jorge Orlando Melo
Publicado en El Tiempo, marzo de 2008

 
 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Jorge Orlando Melo. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización octubre 2016
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