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La conquista de la nueva granada: Un relato sencillo
 

I. Las primeras expediciones a la Costa Atlántica

Colón dirigió la primera expedición que tropezó con el continente americano, en 1498, durante su tercer viaje, cuando desembarcó en costas de lo que hoy es Venezuela. Desde este momento comenzaron los marineros españoles a realizar viajes de exploración para conocer las costas del Caribe y explorar la nueva tierra firme.

      A. Viajes iniciales

 Las primeras expediciones que vieron tierra colombiana fueron pequeñas y al comienzo buscaban sobre todo comerciar con los indios, buscar perlas y objetos de oro y a veces capturar a los nativos para llevarlos como trabajadores esclavos a las Islas de las Antillas. Los más conocidos de estos viajes fueron los siguientes:

            1. Viaje de Alonso de Ojeda: En 1499 uno de los capitanes que había acompañado a Colón en la conquista de Santo Domingo, Alonso de Ojeda, salió de España con una expedición de las que hacían parte dos importantes geógrafos: Juan de la Cosa y Américo Vespucci. Esta expedición, después de recorrer las costas venezolanas, llegó a la Guajira y le dio el nombre al Cabo de la Vela. Ojeda consiguió perlas, oro y algunos esclavos indios. Fue la primera vez que los europeos vieron tierra de nuestro país, y además Juan de la Cosa hizo un mapa que fue el primero en el que se pudo ver una representación de un trozo de la actual Colombia.

            2. Viaje de Rodrigo de Bastidas. En 1501 una nueva expedición, con dos barcos dirigidos por el sevillano Rodrigo de Bastidas, en la que también estaba Juan de la Cosa, llegó a la Guajira y siguió hacia el occidente. Descubrieron la desembocadura de un gran río al que llamaron de la Magdalena, y a los indios que vivían donde hoy quedan Cartagena y Santa Marta. Parece que llegaron hasta Urabá y lograron conseguir oro, perlas y algunos indios. Cerca a la Sierra Nevada dejaron un español con los indígenas, para que aprendiera a hablar su idioma.

            3. Otros viajes. En los años siguientes hicieron nuevos viajes Alonso de Ojeda (1503 y 1506), Cristóbal y Luis Guerra (1504 y 1506). Pero el más importante de todos fue el de Juan de la Cosa de 1504: sacó cargamentos de Palo Brasil, una madera que servía para preparar una tintura; encontró los restos de una expedición de Cristóbal Guerra en Cartagena: a Guerra lo habían matado los indios; capturó unos 600 indios esclavos en la isla de Codego (¿Tierra Bomba?); asaltó Isla Fuerte y el pueblo de Darién. Luego encallaron y estuvieron abandonados ocho meses, y se devolvieron hasta cerca del río Magdalena. El hambre fue tanta, que los españoles "mataron un indio que tomaron y asaron la asadura y la comieron, y pusieron a cocer mucha parte del indio en una grande olla para llevar que comer en el batel", según escribió Gonzalo Fernández de Oviedo, un español que vivió en la región unos diez años después. Según el mismo Oviedo, estos exploradores tenían la intención, no de "servir a Dios ni al Rey, como de robar",

      La violencia de estos viajes muestra un cambio en la forma de relación entres indios y españoles. Al comienzo, los indígenas recibían con curiosidad a los recién llegados, y les cambiaban perlas y objetos de oro por tijeritas, espejos, y otros productos llamativos de España. Pero el hábito de los españoles de capturar indios para llevárselos como esclavos y la violencia con que algunos trataban de obligar a los indios a darles oro -Cristóbal Guerra, por ejemplo, apresó un cacique y no lo soltó hasta que la comunidad le dio su peso en oro-, hicieron que los indígenas empezaran a recibir a los españoles usando sus armas: arcos y flechas envenenadas, sobre todo. La reina Isabel, además, había dado permiso de coger a los indios de Cartagena como esclavos, porque no habían querido "ser doctrinados en las cosas de nuestra Santa Fe Católica, ni estar a su servicio y obediencia".  

II.  Capitulaciones y gobernaciones

      Con los viajes anteriores los españoles tenían una buena idea de como era la Costa Atlántica de Colombia, pero poco sabían de lo que había más adentro. Debía haber minas de oro y de esmeraldas, porque los indios de la costa tenían objetos que usaban estos materiales, y no tenían minas cerca. De modo que pensaron establecerse en la región, para explorarla mejor y buscar sus riquezas. En 1508 Fernando de Aragón, que era el esposo de Isabel y era el nuevo rey de España, pues la reina había muerto, le dio el título de gobernadores a dos españoles, y les fijó sus zonas de gobierno: Diego de Nicuesa fue hecho gobernador de la región de Urabá y el Darién, y Alonso de Ojeda de la zona entre Urabá y la Guajira.

Mediante un contrato entre el Rey y los gobernadores, llamado capitulación, el rey autorizó a Nicuesa y a Ojeda a conquistar sus regiones, a establecer ciudades, a quedarse con parte del oro y otras riquezas que obtuvieran, y a gobernar las zonas que conquistaran. Los conquistadores tenían que conseguir los dineros, hombres y recursos para hacer las expediciones, y debían pagar parte de lo que obtuvieran al Rey. Era pues una empresa privada, y para organizarla los conquistadores tenían casi siempre que endeudarse con los comerciantes que les vendían provisiones, barcos, caballos y armas.

III. Fundación de primeras ciudades: San Sebastián y Santa María la Antigua del Darién

      Ojeda organizó una expedición de 300 hombres y llegó a Cartagena, donde empezó a capturar esclavos para mandar a Santo Domingo. Los indios se le enfrentaron y en Turbaco quedaron muertos unos 70 conquistadores, entre ellos el geógrafo y cartógrafo Juan de la Cosa. Los españoles, en venganza, quemaron el pueblo, cogieron 400 esclavos e "hicieron allí increíble matanza, no perdonando mujeres ni niños".

      Ojeda siguió hasta Urabá y allí fundó la primera ciudad establecida por los españoles en la tierra firme del continente americano, San Sebastián de Urabá. La vida de los españoles en esta ciudad muestra las dificultades que encontraban unos europeos que no conocían las condiciones de la región, que querían vivir de los indios, pero que encontraban que estos, que no estaban nada contentos con que les quitaran sus tierras y riquezas, no les daban ningún apoyo sino que los atacaban con sus flechas, los emboscaban o quemaban sus habitaciones. Al cabo de pocos meses los españoles estaban muertos de hambre, enfermos y tuvieron que despoblar la ciudad: 42 supervivientes se fueron para Cartagena, encabezados por Francisco Pizarro, el que luego descubriría al Perú.

       Al llegar a Cartagena se encontraron con una nueva expedición de apoyo, y decidieron devolverse a San Sebastián, pero otra vez quedaron sin comida -debían alimentarse con animales salvajes y chontaduro- y decidieron pasarse al otro lado del golfo. Así lo hicieron y fundaron, en donde estaba el pueblo indígena de Darién, a Santa María de la Antigua del Darién, a fines de 1510.

       Este sitio era mejor: tenía aguas, los indios no usaban flechas ni venenos, cultivaban maíz y yuca. Un soldado español, Vasco Núñez de Balboa, hizo que los españoles le quitaran el mando al encargado de la expedición y asumió la dirección del pueblo. Trató de mejorar las relaciones con los indios, tratándolos bien, haciéndose amigo de los caciques y de sus hijas, y prohibiendo que los esclavizaran. De esta manera logró que le dieran alimentos y le ayudaron. Además hizo que los españoles sembraran maíz y yuca y criaran un animal que habían traído de España: el cerdo.

       Una de esas ayudas fue indicarle como ir al otro lado de las montañas de la región para buscar otro mar: con los indios como guía logró pasar en tres semanas desde Urabá hasta el Pacífico: fue el primer europeo que cruzo el continente y vio el mar que llamaron mar del sur, el océano pacifico. Esto ocurrió en 1513.

       Pero a Balboa le quitó el rey el mando y envió un nuevo gobernador, Pedrarias Dávila, quien vino con una gran expedición -1500 hombres- llenos de lujos, vestidos europeos, artesanos, médicos y las primeras mujeres. Vino también un obispo, el primero que hubo en el continente. Los españoles comenzaron a tratar otra vez mal a los indios, que no querían ni podían seguir sosteniendo a tantas personas, que no sembraban ni cosechaban y querían sobre todo conseguir oro. Las cosas se volvieron a dañar. Los españoles hacían expediciones en las que le robaban sus bienes a los indios, los mataban y quemaban y violaban a las indias. Como no tenían que comer, los españoles se enfermaban y muchos murieron: en menos de un año se murió más de la mitad. La población indígena, en guerra y mal alimentada, comenzó también a enfermarse y se fue acabando. En 1519 el gobernador decidió trasladarse al otro lado del Istmo y fundó la ciudad de Panamá, y 5 años después Santa María la Antigua fue abandonada del todo.

IV. Fundación de Santa Marta y Cartagena

 Fracasada la conquista del Darién y Urabá, los españoles se dedicaron a otras zonas del Caribe. Rodrigo de Bastidas firmó una capitulación para crear la gobernación de Santa Marta, y vino y fundó la ciudad en 1526. Es la ciudad más antigua de Colombia entre las que aun existen. Bastidas trataron de mantener buenas relaciones con los indios, y de limitar sus maltratos. Por ello, otros españoles, que querían que se les quitaran rápidamente sus riquezas de oro, lo atacaron y acuchillaron, y tuvo que irse. Los siguientes gobernadores vivieron en un ambiente de guerra con los indios, algunos de los cuales se fueron refugiando en las partes montañosas de la Sierra Nevada, y otros se sometieron y comenzaron a trabajar para los españoles, a aprender el castellano y a convertirse al cristianismo. Pronto el Rey nombró un obispo, y como comenzaba a preocuparse por la disminución de los indios, le ordenó que los defendiera, dándole el título de Protector de Indios

       Los españoles empezaron a explorar toda la región y a buscar lo que había tierra adentro: recorrieron las partes bajas de la Sierra, la Guajira, el Valle de Upar y comenzaron a entrar por el Río Magdalena.

       La siguiente gobernación fue la de Cartagena, la que le fue asignada a Pedro de Heredia. Este llegó en 1533 a donde los indios habían dado muerte a Juan de la Cosa, y fundó a Cartagena. Todavía había bastantes indios, a pesar de que muchos habían muerto como esclavos en Santo Domingo y en Cuba. Heredia recorrió los campos del interior, y escribió que había encontrado tantos pueblos y tanta gente, "que en ninguna tierra de España la hay tan poblada". Heredia trató a los indios con astucia: se hizo amigo de algunos y trató de que no les exigieran demasiado. A los que se rebelaron o no quisieron colaborar les hizo la guerra, quemó pueblos y sembrados y capturó jóvenes y mujeres. Hizo dar muerte a los que comieran carne humana o practicaran la homosexualidad.

       La ciudad, en un puerto natural excelente, se convirtió en un sitio de comercio: allí llegaban los barcos con provisiones, herramientas, caballos y cerdos, vestidos, armas y todo lo que necesitaban los conquistadores. Estos pagaban a los comerciantes con el oro que habían podido conseguir con los indios, a las buenas -comerciando con ellos- o a las malas. De este modo el oro se iba a España y luego a otros sitios de Europa.

V. Las expediciones al interior: Quesada, Belalcázar, Federman y Robledo

 Cuando ya Cartagena y Santa Marta estuvieron pobladas, muchos conquistadores querían buscar nuevas riquezas y nuevos pueblos de indios, y comenzaron a explorar otras regiones. Entre 1535 y 1538 se hicieron algunas de las expediciones más grandes al interior de Colombia. Las más famosas fueron las siguientes:

      A. Descubrimiento del Sur.

       En 1535 Sebastián de Belalcázar, que había fundado a Quito, entró al territorio de Colombia buscando un país llamado Cundinamarca, en el que se decía que había mucho oro. Recorrió la zona de Pasto y Popayán, y sus expediciones fundaron nuevas ciudades como Cali, Popayán y Pasto. Uno de sus hombres, Jorge Robledo, recorrió el río Cauca hacia el norte, y fundó a Cartago, a Anserma y a Antioquia.

      B. Descubrimiento de los Chibchas y del río Magdalena.

      Mientras Sebastián de Belalcázar buscaba a Cundinamarca desde el Sur, otras expediciones buscaban los mismos pueblos desde Santa Marta y desde Venezuela. A todos estos sitios habían llegado las esmeraldas, y la fama de que había en el interior del país pueblos indígenas con mucho oro: se decía que en uno de ellos el cacique se cubría el cuerpo de oro y luego lo dejaba en una laguna, junto con toda clase de joyas. Esta fue una de las formas que tuvo el mito de El Dorado.

      Desde Santa Marta salió en 1536 una expedición dirigida por Gonzalo Jiménez de Quesada, la cual se gastó casi un año para subir, a pie y con unos pocos caballos, hasta la región de Bogotá. Pasaron toda clase de dificultades, aguantaron hambres, murieron al cruzar los ríos o de heridas y enfermedades: fueron ocho meses en medio de una selva que no conocían, sin caminos, con las herramientas y las armas de fuego oxidándose. Llegaron a Bogotá en 1537 y a los pocos días supieron que Belalcázar venía desde Popayán, por la parte alta del Río Magdalena. Y oyeron que otros españoles estaban llegando por el llano. Estos pertenecían a una expedición dirigida por Nicolás de Federmann, un alemán que había salido hacía dos años de Venezuela. También había hecho una expedición increíble e inverosímil: por los llanos, por las selvas, muchas veces perdido, había terminado por llegar al sur de Bogotá.

Los tres conquistadores, Quesada, Belalcázar y Federman se encontraron y decidieron fundar a Santa Fe de Bogotá y volverse a España para que el rey dijera quien iba a gobernar el sitio. Los que quedaron fundaron otras ciudades, como Tunja y Vélez.

       Con estas conquistas y fundaciones, los españoles tenían ya ciudades en casi todos los sitios importantes de Colombia, y la mayoría de los indígenas quedaba bajo su mando. La etapa del descubrimiento y de la conquista quedaba casi concluida.

      Es verdad que muchas zonas seguían sin conocer, como la mayoría de las zonas de los llanos y de las selvas del Amazonas. En otras partes los indios seguían sin someterse a los españoles, y las guerras con ellos duraron hasta el siglo XVIII: todavía en esos años hubo expediciones militares contra los Guajiros, los indios del Darién o los de la Sierra Nevada.

VI. Gobierno y Sociedad

      Los grupos indígenas que vivían en la región de la costa tenían sus propias formas de gobierno. Usualmente la autoridad principal era el llamado cacique, puesto que se recibía por herencia. Al lado del cacique existían otros indígenas de alto rango, una especie de nobleza, que ayudaban al cacique en sus funciones y en especial cuando había que hacer la guerra o castigar a quienes actuaban contra las costumbres del pueblo.

 Al apoderarse los españoles de las regiones de los indios, normalmente permitieron que estos continuaran con sus caciques, pero tenían que obedecer a las autoridades españoles, que les ordenaban dar alimentos a los conquistadores o trabajar para ellos. De este modo, por encima de las autoridades indígenas quedaban las de los españoles.

      A. Gobernaciones y Cabildos.

 Como ya vimos, mediante convenios entre el Rey y los jefes de las expediciones se les daba a estos el gobierno de los territorios que conquistaran, los cuales conformaban las gobernaciones. El gobernador era el jefe militar, el jefe de la administración y el principal juez. Además, repartía entre los españoles lotes para que hicieran sus casas y tierras para que establecieran haciendas para su ganado. Tenían también el poder para distribuir los indios a los españoles, para que estos recibieran del grupo que les habían asignado alimentos, oro y trabajaran para él.

       Cuando se fundaba un pueblo español, se establecía una autoridad municipal: era el cabildo, compuesto por un pequeño número de regidores o concejales. Estos eran nombrados por el gobernador, aunque a veces el rey le daba a algunas personas, desde España, el cargo de regidores en una ciudad de América. Algunas veces, muy raras, eran escogidos por los vecinos de una ciudad, que eran las personas que tenían casas y tierras en ella. El cabildo nombraba los cargos municipales: el alcalde , que administraba justicia, el alférez real , que portaba las banderas en los actos solemnes, etc.

      B. Las actividades económicas: comercio, agricultura, minería.

            1. La agricultura

      Al comienzo, los pueblos españoles vivían del oro que obtenían de los indígenas, con el que compraban provisiones y mercancías que venían desde Cuba, Santo Domingo o Europa. Pero pronto comenzaron a acostumbrarse a los alimentos americanos, y a exigir a los indígenas que les dieran parte de sus productos o sembraran tierras para ellos. El maíz, la yuca, el tomate, el cacao, eran alimentos que los indios cultivaban, propios de las tierras calientes. En las tierras frías los principales productos indígenas eran el maíz y las papas. Tenían varias verduras y frutas, como el pimentón, el aguacate y la piña, que no se conocían en Europa. Para las ceremonias usaban el tabaco y la coca, y bebían chicha de maíz. Los españoles no cultivaban al comienzo sus propios productos, pero trajeron cerdos o vacas. Con ellos, establecieron haciendas ganaderas: los gobernadores les daban extensas tierras, de las que desalojaban a los indios, y les asignaban una tribu o un pueblo para que les ayudara en el trabajo de las haciendas. De esta manera, la agricultura que producía alimentos la hacían los indios en las tierras que les quedaban, y la cría del ganado, de cerdos y las gallinas la hacían los españoles en sus haciendas. En las tierras frías los españoles establecieron también rebaños de ovejas, para producir paños y ruanas. Los indios no habían tejido sino telas de algodón.

 Un poco después los españoles empezaron a sembrar sus propios productos, sobre todo caña de azúcar -los indios endulzaban sus bebidas con miel de abejas o con frutas-, y, después de que se conquistaron las tribus de las tierras frías, trigo y cebada.

 

            2. La Minería

      Uno de los principales objetivos de los españoles era conseguir oro y otros objetos preciosos, como las esmeraldas y las perlas, que tenían un gran valor en Europa. Los indígenas habían acumulado mucho, para usarlo como adorno y en objetos religiosos. Pero pronto lo perdieron, y hacía falta sacar más oro de las minas o del mar. Por ello organizaron la explotación minera. En la Guajira se estableció la búsqueda de perlas, con indios que se zambullían a buscarlas. Cuando aparecieron las primeras minas de oro, en Pamplona, en Antioquia, cerca a Popayán, los españoles ordenaron a los caciques indígenas que les enviaran indios para trabajarlas, o usaron los indios que les habían repartido a cada uno. Pero a medida que se iban acabando los indios, fueron reemplazados por otro grupo de trabajadores, traídos desde el África: los esclavos negros. Estos eran comprados y vendidos por los españoles, y trabajaban sobre todo en las minas de oro y en las haciendas de caña de azúcar.

 

            3. El comercio

       El oro le servía a los españoles para pagar todo lo que venía de España: alimentos españoles, como aceite de oliva, vinos y quesos, ropas y tejidos -aunque los indios en muchas partes tenían que entregarles como tributo algunos metros de tela de algodón o de lana. De esta manera, el metal precioso servía para que funcionara el comercio con Europa. Los barcos venían a Santa Marta y Cartagena, y allí le vendían sus mercancías a comerciantes que las trasportaban a otras ciudades.

     

C. La utilización de los indígenas: esclavitud, mita, encomienda.

      Como ya se mencionó, los españoles, en los primeros años, vivían del trabajo de los indios. Este trabajo se obtenía de varias maneras.

      Al comienzo, era permitido convertir a los indios en esclavos. El esclavo era de propiedad del español, que podía utilizarlo en su servicio, venderlo, etc. Pero los reyes de España, influidos por muchos religiosos como Fray Bartolomé de las Casas y otros, se convencieron de que esto era muy injusto y perjudicial para los indios, decidieron que los indios eran vasallos libres del rey de España y que no se podían esclavizar.

Pero si no se podían esclavizar, ¿cómo hacer que trabajaran para los españoles? Lo que se hizo fue repartirlos por grupos a los conquistadores. Se decía que se le encomendaban los indios de un pueblo con su cacique. El español, o encomendero , podía ocupar a los indios para su servicio, pero dentro de ciertas reglas, y no podía venderlos, hacerlos salir de sus tierras a otros climas, etc. Normalmente podía pedir que le cultivaran ciertos alimentos, le tejieran mantas y telas, le cogieran leña, le pagaran un tributo en oro y en otros bienes. Si tenía minas, el cacique debía enviarle un número de trabajadores para que fueran una parte del año a la mina. Además, podía tener algunos indios e indias para su servicio personal, como criados.

      A cambio de esto, el encomendero quedaba obligado a defender y proteger a los indios de otros abusos, y sobre todo a enseñarles la religión, para lo cual debía pagar los servicios de un sacerdote. Este sistema se llamó de la encomienda y sirvió para garantizar la vida de los conquistadores, y para que los indígenas comenzaran a aprender la cultura española: el idioma, la religión, algunos cultivos europeos y algunas costumbres. Los españoles, por su parte, también aprendieron diversas costumbres de los indígenas, sobre todo en lo que tenía que ver con la alimentación. Los mestizos, hijos de los españoles y las indígenas, heredaban las costumbres de ambos grupos.

       Al comienzo los indígenas alcanzaban para los principales conquistadores. Pero de España seguían llegando personas que venían buscando fortuna y posición social. Los gobernadores y los cabildos les daban minas y tierras, pero estas no les servían sin trabajadores. Algunos, si eran ricos, podían comprar esclavos, pero la mayoría quería que les asignaran indios. Entonces el gobierno español decidió que los indios no les trabajaran a los encomenderos, sino que apenas les pagaran algunos tributos, y que más bien trabajaran para los españoles que no tenían encomienda. Para ello, los caciques mandaban un grupo de indios, que un empleado español repartía entre los españoles para que le trabajaran: este sistema se llamó del concierto agrario, pues los indios se concertaban o ponían de acuerdo con el hacendado. Este tenía que pagarles, pero lo que recibían apenas les alcanzaba para pagarle el tributo al encomendero.

       A otros indios los enviaban a trabajar a las minas. Esto se llamó la mita minera, y el sistema por el que mandaban a otros indígenas para trabajar en las obras publicas de los pueblos, hacer las iglesias, empedrar las calles, limpiarlas, etc., se llamó la mita urbana.

       Cuando empiezan a ser numerosos los mestizos, que no estaban asignados en encomienda y a los que no se podía obligar a trabajar, comienza a aparecer, pero esto no es frecuente, el trabajo libre, en el cual el patrono contrata, por un salario, al trabajador. Durante toda la época española fueron muy pocas las personas que trabajaban por un salario.

VII. Las relaciones entre España y las colonias. Consejo de Indias, Virreyes y Audiencias. El conflicto de las Nuevas Leyes. Proteccionismo de los indígenas

       A. Las instituciones políticas

      Para gobernar y administrar todas las regiones que habían logrado los conquistadores, y que iba desde Cuba y México a la Argentina, el rey de España estableció un sistema que le permitía controlar las colonias. Para los asuntos de gobierno, militares y de justicia, creó un organismo en España, que se llamó Consejo de Indias, que tomaba las decisiones más importantes, y con el cual el Rey consultaba lo que debía hacerse en América.

      En los sitios más ricos y poblados, y donde estaban las ciudades más grandes, decidió nombrar un representante directo para que gobernara en su nombre, el cual fue llamado Virrey. Los primeros virreyes fueron creados en México y en Lima, en el Perú. Estaban ayudados por un concejo compuesto de 4 a 6 asesores y jueces, llamados oidores. Este concejo se llamaba Real Audiencia , pues escuchaba las quejas y pleitos de los colonos, castigaba los delitos importantes y le ayudaba al virrey en las decisiones de gobierno.

      En zonas menos ricas, como la Nueva Granada -la Colombia actual- se estableció la Real Audiencia, pero sin que se creara el cargo de Virrey. La audiencia de Santafé de Bogotá fue establecida en 1550. La audiencia tenía al mismo tiempo los poderes de un gobernador -administrar y dirigir el ejército- y de un tribunal de justicia -decidía sobre los pleitos y castigaba a los delincuentes importantes. La Audiencia mandaba sobre un extenso territorio, que iba desde Popayán hasta la Guajira (Pasto dependía de la audiencia de Quito).

      Dentro de este territorio, cada región estaba mandada por un gobernador, y cada ciudad por un cabildo o concejo municipal.

El gobierno español trató de mantener controlados a los conquistadores y evitar que actuaran con mucha independencia, pues temía que se rebelaran o que buscaran solo sus propios intereses. Había mucho conflicto entre lo que querían los conquistadores y lo que querían los reyes. Aquellos pensaban que como habían conquistado la tierra y los indios con sus propios recursos, arriesgando las vidas, con acciones a veces muy heroicas, el rey debía recompensarlos haciéndolos nobles, asignándoles los indios sin limitaciones, permitiendo que las encomiendas se trasmitieran por herencia a sus hijos y nietos. El Rey se daba cuenta de que los conquistadores maltrataban a los indígenas y se rebelaban con frecuencia contra las autoridades. Por ello, trató de que estuvieran bajo el control de virreyes y audiencias, y que usaran a los indígenas con moderación.

      Un ejemplo de este conflicto se dio en 1542, cuando el Rey Carlos I expidió unas leyes para buscar un trato mejor para los indios, llamadas las Leyes Nuevas. En estas leyes se prohibía a los encomenderos poner a trabajar a los indios a sus servicios, o esclavizarlo y se decía que apenas murieran los conquistadores que tenían indios la encomienda pasaría al Rey. En muchos sitios de América los conquistadores se rebelaron e hicieron violentas guerras civiles. En Popayán se rebeló el conquistador Álvaro de Oyón, el cual fue derrotado y ejecutado. Finalmente, los reyes cambiaron algo las leyes, para darles un poco mas de ventajas a los españoles, pero dejando algunas de las reglas para proteger a los indios.

 

      B. El control del comercio

      Los reyes querían que el comercio entre España y América beneficiara solo a España -y no a otros países como Inglaterra y Francia- y que le permitiera recibir buenos impuestos al gobierno. Por ello trató de controlar la forma como se hizo ese comercio. Creó en Sevilla una oficina que se llamó la Casa de Contratación , que tenía que llevar el registro de todo lo que se enviaba a América y de todo el oro que llegaba para pagar las mercancías; cobrar impuestos; permitir la salida y llegada de barcos; revisar para que no se enviaran mercancías prohibidas, etc.

Este sistema daba el monopolio del comercio a los comerciantes y marineros de Castilla: no podían comerciar en América barcos ingleses o franceses. Para vigilar esto, los barcos salían en grandes grupos (las flotas), y venían únicamente a unos pocos puertos en América, como Cartagena y Nombre de Dios (en Panamá), y Veracruz y La Habana. Allí se revisaba que no hubiera ningún producto de contrabando.

       Sin embargo, era difícil hacer respetar este monopolio. Los franceses, holandeses e ingleses enviaban barcos que sobornaban las autoridades para que los dejaran desembarcar sus mercancías, que eran casi siempre más baratas que las que venían de España, o las desembarcaban en sitios distintos a los grandes puertos. La guerra por este comercio hizo que muchos marineros de esos países, con el apoyo de sus gobiernos, atacaran los barcos españoles, se apoderaran de las flotas y del oro y la plata que llevaban, o atacaran las ciudades y cobraran grandes rescates: fueron ellos los piratas y corsarios, que varias veces se tomaron a Cartagena y a Santa Marta.

Jorge Orlando Melo
Bogotá, mayo de 1992

 
 

 

 

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