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La interpretación en el país de las maravillas

 

La Constitución es clara: aun si se ponen en peligro el orden, la estabilidad económica o la honra de las personas, no se podrá usar la censura.

Hasta 1991 las constituciones colombianas reconocieron la libertad de prensa, pero dejaron algún hueco que permitiera restringirla. Una larga historia de censuras hizo que en 1991 se buscara evitarla por completo. El proyecto del gobierno Gaviria decía "Se prohíbe toda censura" y explicaba, para reducir los riesgos de interpretación o tergiversación: "el ejercicio de la libertad de expresión no podrá sujetarse a controles previos sino a responsabilidades posteriores, para evitar el pánico económico, proteger la vida, la intimidad, la dignidad, la honra de las personas y el orden público".

Los constituyentes Alberto Zalamea, Augusto Ramírez Ocampo, Misael Pastrana Borrero y otros fueron claros: no debía haber censura. La propuesta de que el gobierno pudiera establecerla por tiempo limitado para evitar pánico económico, o en otros casos graves, fue rechazada. Finalmente, los constituyentes aprobaron una formula tajante y clara, que pensaban que impediría cualquier restricción previa a la información: "No habrá censura". Y para reprimir y sancionar los males que pudieran producirse se estableció, siguiendo una propuesta del constituyente Zalamea, que los medios de comunicación tienen "una responsabilidad social".

Así, pues, nuestra Constitución es clara: nadie puede prohibir publicar nada, en ningún caso. Cualquier prohibición o condición es una forma de censura y viola la constitución. Pero como los periodistas no son santos, y pueden atentar contra otros derechos, individuales o sociales, las leyes podrán castigarlos a posteriori. Es como si en vez de decir: "para que las personas no roben a otros se les atarán las manos", hubiera dicho: "el que robe a otro será sancionado".

En el caso de otros derechos fundamentales, la carta se limitó a establecerlos, sin definir cómo resolver el conflicto que podría presentarse entre ellos. Cuando los afectados eran niños, indicó que sus derechos tenían prelación. Quedaba al legislador o los jueces la tarea de regular el conflicto entre derechos o decidir en casos concretos cuál tenía prioridad. En cuanto a la libertad de expresión no se dejó esta posibilidad: aun si pone en peligro el orden, la estabilidad económica o la honra de las personas, no se podrá usar la censura como medio para proteger esos derechos. Habrá que buscar otros remedios, como establecer sanciones cuando los periodistas violen los derechos de otros.

La razón para esto es que se quería derrotar una tradición de tergiversación que había permitido limitar legalmente la libertad establecida en la Constitución. Y se reconocía, como lo dijo la ponencia del artículo 20, que la libertad de información era presupuesto básico de la democracia. En efecto, detrás del rechazo total a la censura está la idea de que esta limita la capacidad para que los ciudadanos se formen libremente sus opiniones y, por lo tanto, socava los fundamentos mismos de la participación democrática.

Por eso, hay que preguntarse si cuando la Constitución dice "No habrá censura" puede decir un juez: "Sí habrá censura, cuando lo que se publique afecte los derechos de otras personas" o "Sí habrá censura, si se provoca el pánico económico" o "Sí habrá censura, si lo publicado incita al delito". En esos casos, el juez está diciendo que la Constitución se equivocó al prohibir la censura en forma tan tajante, y la está corrigiendo, pues supone que es más sensato que ella. O pretende que cuando la Constitución dice "No habrá censura" quiere decir que "sí habrá censura, en ciertos casos". Es decir, afirma que la expresión quiere decir lo contrario de lo que cualquiera lee en ella.

En Alicia en el país de las maravillas, un huevo huero y presuntuoso, Humpty Dumpty, le contesta a Alicia, que protesta porque él usa los términos con un significado que no tienen: "Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty, con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni más ni menos.

"La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes".

"La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda..., eso es todo".

La cuestión, parece, es si algunos jueces colombianos viven en el país de las maravillas.

Jorge Orlando Melo
Publicado en El Tiempo, 18 de febrero de 2007

 
 
 

 

 

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