Principal

Columnas de prensa

Textos:

Historia de Colombia

Antioquia y Medellín

Política

Paz y Violencia

Derechos humanos

Periodismo

Literatura

Lectura y Bibliotecas

Ciencia e investigación

Educación

Política Cultural

Indice general de textos

Referencia:

Reseñas de libros

Documentos históricos

Listas y bibliografías

Jorge Orlando Melo:

Textos biográficos

Hoja de vida

Entrevistas

Contacto

Enlaces recomendados

Buscar

 

 

La política antioqueña 1904-1946
 

1. Entre dos siglos 

A comienzos del siglo XX los rasgos de la política antioqueña no parecen diferenciarse en forma sustancial de los que estuvieron vigentes a finales del siglo XX. En términos muy generales, parecería que la actividad pública es aun patrimonio de sectores sociales elevados, que tienen el derecho de ocupar los altos cargos de la administración. Es su deber ejercer el mando en función del bien común, buscando una administración honesta, barata y eficaz. Los ciudadanos son miembros de la sociedad, pero como objeto de preocupación y desvelo por parte de la gente bien: sus intentos de participación activa aparecen como desbordamientos y desordenes, y los esfuerzos de algunos políticos que hacen parte del patriciado para movilizarlos y apoyarse en ellos se perciben como actos de demagogia.  

 En estas formas de ver la política se refleja, sin duda alguna, una influencia del rudo cristianismo antioqueño decimonónico. La sociedad es como una familia, que debe ser guiada por padres severos pero justos, de los cuales fue ejemplo insuperable el presidente Berrío, el "justo" por antonomasia, como se gustaba recordar. Los patricios, aunque independientes, deben consultar en toda dificultad a la iglesia, que ofrece su consejo a través de sus obispos. Monseñor Bernardo Herrera Restrepo, monseñor Cayzedo estuvieron siempre cerca de los dirigentes notables del partido conservador, a través de los cuales ejercieron una permanente influencia sobre la vida política local.  

 Esta situación se apoya en primer lugar en un amplio predominio del partido conservador. Las zonas rurales de las partes altas de Antioquia (el oriente, la región de Santa Rosa, Abejorral y Sonsón) son homogéneas: en ellas los tenderos, los medianos propietarios que ejercen de gamonales, los maestros, los pequeños propietarios y los jornaleros se sienten solidarios con el conservatismo, que ha defendido sus creencias religiosas y esta identificado con el mantenimiento de la paz. En época de elecciones no hay que hacer mucho proselitismo: es suficiente contar con la buena voluntad del párroco y de cuatro o cinco notables para obtener una votación adecuada.  

El liberalismo tiene algunos fuertes tradicionales: Rionegro y el Retiro, en medio de las llanuras azules del oriente; las zonas mineras del nordeste, las regiones de colonización nueva como Puerto Berrío y Urabá. Las tierras del Cauca tienen una tradición originalmente liberal, pero los movimientos migratorios han ido creando una geografía alternada y disputada. En muchos municipios del sur y el suroeste liberales y conservadores luchan por la supremacía; en algunos los liberales dominan mientras en otros el control esta en manos de los conservadores. En Medellín probablemente el liberalismo tiene la mayoría desde el siglo pasado, pero ésta solo se manifiesta ocasionalmente, pues los sistemas electorales se prestan para el fraude y el engaño. 

Más que un asunto de clases, la afiliación política es en primer término cosa de localidades y en segundo de familias. Por supuesto, el liberalismo, que ya muestra una vocación populista subrayada por Rafael Uribe Uribe desde comienzos de siglo (cuando recibe en 1904 un homenaje en Medellín lo agradece " a mis amigos obreros y artesanos"), cuenta con la adhesión masiva de negros y mulatos. Para muchos conservadores, para las señoras con ínfulas raciales y aristocráticas, el liberalismo es el partido de los negros, y hasta los ha traído del Cauca para poder pelear sus guerras civiles, como en 1876. La copla popular lo subraya:  

"un negro conservador
es música que no suena
es como un parche en el culo
cuando el dolor es de muela"
 

Pero los hay: Belmira, antiguo real de Petacas, pueblo de mineros negros, es completamente conservador. Los artesanos también tienden a gravitar hacia el partido liberal, que les da voz y participación en comités y listas electorales. A veces el liberalismo va aun más lejos, y forma "juntas populares" electorales, como las que dirigió en 1904 el general Pedro Restrepo Uribe, en las que predominaba, según la prensa " el elemento obrero" y donde se discutía la necesidad de formar un partido exclusivamente obrero. Además, se subraya el origen popular de los candidatos, como en 1910, cuando el liberalismo reitera que Alejandro López, candidato a la Asamblea, es "hijo de artesanos".  

La actividad política de los partidos confluye en las elecciones. Antes de 1910 los liberales tenían pocas esperanzas: aun si votaban, sus votos apenas se escrutaban. A partir de las reformas constitucionales de esta fecha las reglas de juego cambian, y se hace obligatoria la representación de las minorías en las corporaciones públicas. Esto garantiza a los liberales la tercera parte de los representantes y diputados, y una cuota de senadores, así como de concejales, al menos donde su votación sea suficiente para impedir que la minoría vaya a otro grupo conservador. De este modo es un poco indiferente si se obtiene el 30 o el 40 % de los votos: lo único significativo sería superar al otro partido. Este arreglo garantiza en Antioquia una cierta paz electoral y política: se sabe que los conservadores son mayoría, así sea evidente que el liberalismo va ganando más y más respaldo electoral. En casos de necesidad, existe un amplio repertorio de maniobras electorales: manipulación de las listas de votantes, perdida de registros electorales, escrutinios a puerta cerrada. En los pueblos homogéneos, se obtienen los votos que se necesitan. Sin embargo, en Antioquia el uso de estos mecanismos no fue tan general como en otras partes del país y no parece haber estado ligado a una fuerte corrupción política del sistema judicial, como ocurrió en otros departamentos, donde los jueces se nombraban para que fallaran las demandas electorales a gusto del conservatismo.  

En general la élite conservadora quería mantenerse dentro de las reglas de juego y moralidad. Esto quiere decir que las elecciones eran por lo general pacificas. En Medellín y en algunos pueblos competidos, al terminar los escrutinios había gritos a los partidos, y a veces esto terminaba en peleas. En una a dos veces las peleas dejaban heridos y muertos, como en 1926, cuando murieron tres policías y dos civiles en una trifulca en la capital.  

Pero había otra gran forma de hacer política, y era la actividad periodística. Los periódicos eran los medios principales de propaganda partidista. En ellos se planteaban las ideas del partido, se criticaba la administración o el adversario, y se exaltaba la imagen de los caudillos propios, con telegramas, fotografías y homenajes. Los liberales, que no tenían las iglesias ni las escuelas, les dieron gran importancia a comienzos de siglo. Ya desde 1887 El Espectador, de Fidel Cano, había realizado toda clase de campanas a favor del liberalismo. La Organización, fundada en 1904 por Libardo López, Nicolás Mendoza y Alejandro López; el Correo Liberal, establecido en 1915 por Ricardo Uribe Escobar y orientado por Jesús Tobón Quintero hasta 1926, cuando cambia de nombre y se convierte en El Correo de Colombia y El Heraldo de Antioquia, creado en 1927 por Tobón Quintero, son el centro de la vida política del liberalismo durante la hegemonía conservadora. En 1930 se añade a estos periódicos El Diario, fundado por Eduardo Uribe Escobar y dirigido durante los anos del régimen liberal por Emilio Jaramillo. Y no podía faltar un periódico populista y satírico, El Bateo, de Enrique Castro, fundado en 1907.  

Los periódicos liberales tropezaban con frecuentes dificultades, y aunque los cierres oficiales cesaron después de 1909, la jerarquía eclesiástica siguió prohibiéndolos con frecuencia. En 1916, por ejemplo, todos los obispos colombianos, al censurar varios periódicos, recordaron que no era necesario prohibir El Espectador, pues ya lo estaba desde 1887, y aprovecharon para señalar que era peligrosa la lectura de Colombia, de Carlos E. Restrepo, por su orientación anticlerical y laicista. El Correo Liberal dejo de circular y cambio su nombre para tratar de eludir la prohibición eclesiástica.  

En el conservatismo La Patria, del general Juan Pablo Gómez Arango duró hasta 1910; Carlos E. Restrepo trató de impulsar la unidad de liberales y conservadores en Vida Nueva, que solo sobrevivió un ano, pues se cerró ante el aire de dictadura que tomaba el gobierno de Reyes desde 1905. Pero fue la fundación de El Colombiano en 1912 la que dio un periódico de peso al conservatismo. Inicialmente dirigido por Francisco de Paula Pérez, en 1930 pasó el control de un grupo de empresarios que lo entregaron a la dirección de Fernando Gómez Martínez; pocos años después este lo compró con el apoyo de Julio C. Hernández y lo convirtió en el más exitoso de los periódicos regionales. En 1919 La Defensa apareció como semanario, y se transformó en diario en 1929; inicialmente vinculado a la curia, durante los treintas fue vocero del grupo tradicionalista del conservatismo. A estos órganos políticos debe añadirse, como síntoma de los esfuerzos de la iglesia antioqueña por mantener influencia en los sectores obreros en formación, la aparición de El Obrero Católico, en 1925 y que tendría público hasta la década de los 50s.  

Los políticos más jóvenes empezaban, además, su carrera fundando alguna revista o semanario. Mariano Ospina Pérez tuvo La Joven Antioquia en 1909, y los jóvenes nacionalistas de 1936 publicaron el suplemento Jerarquías en El Colombiano, orientado por José Mejía y Mejía y Juan Zuleta Ferrer, mientras Abel Naranjo Villegas, Gonzalo Restrepo Jaramillo, Félix Ángel vallejo y Jesús Estrada Monsalve publicaban Tradición 

2. En busca de la paz 

A pesar de que es posible identificar muchos elementos de pugna entre los partidos políticos en Antioquia, uno de los rasgos más notables de la historia política del siglo XX es la tendencia muy fuerte a la transacción entre liberales y conservadores. Los grupos dirigentes de este partido estuvieron con frecuencia interesados en lograr la colaboración liberal en la administración y en la política, con el objeto de evitar las confrontaciones que pudieran destruir la paz del país. El comportamiento comparativamente tolerante del conservatismo antioqueno está probablemente muy relacionado con el hecho de que la dirección del partido ha estado en buena parte del siglo ligada estrechamente a los sectores empresariales más exitosos de Antioquia. A comienzos del siglo, los comerciantes del marco de la plaza, encabezados por Carlos E. Restrepo y Pedro Nel Ospina, dieron el tono al conservatismo republicano y buscaron el acuerdo con el liberalismo moderado. Aunque el partido conservador incluía grupos de base rural y se apoyaba en una burocracia intelectual relativamente independiente de los grupos empresariales, los grandes comerciantes y cafeteros siguieron ejerciendo un gran peso en la política local. El desarrollo de la producción cafetera permitió consolidar la riqueza de la burguesía local y al mismo tiempo genero una amplia base política de pequeños propietarios. El conservatismo antioqueño, a través de Mariano Ospina Pérez, en particular, logró convertirse a partir de 1930 en el vocero por excelencia del mundo rural cafetero.  

El modelo de la pequeña finca rural, sin conflictos laborales ni de propiedad, que coexistía amigablemente con los grandes empresarios, se impuso como ideal en el país a través de la Federación de Cafeteros, y dio a los nuevos gremios de orientación burguesa la posibilidad de mantener la intervención estatal dentro de muy reducidos limites. El éxito en el desarrollo del sector empresarial antioqueño, en sus vertientes cafeteras e industrial, sirvió de base para el triunfo de un modelo de desarrollo económico y social del país basado en el sector privado, con controles limitados por parte del estado, y con un gobierno estrechamente ligado a los grupos gremiales. Todo lo anterior consolidó la hegemonía empresarial en el conservatismo, y en un amplio sector del partido liberal. Y así como antes de 1930 trataron de buscar acomodos con el liberalismo, de nuevo bajo el régimen liberal los conservadores de la región, como Román Gómez, Pedro J. Berrío o Fernando Gómez Martínez, se alejaron de las orientaciones más provocadoras de Laureano Gómez para buscar formas de cooperación civil.  

 Sin embargo, y para no crear una imagen unilateral, no hay que olvidar los elementos de pugna que enfrentaban a los partidos. En el sistema vigente antes de 1930 era tolerable la presencia liberal en los organismos representativos, pero cuidadosamente dosificada en el sistema judicial y en el ejecutivo. En Antioquia era frecuente dar la secretaría de hacienda del departamento o del municipio de Medellín a un liberal, pero no se nombraban alcaldes o secretarios de gobierno de este partido (excepto bajo el gobierno de Carlos E. Restrepo, quien trato de instituir el "cruce"), ni jefes de la policía. Y los problemas religiosos y educativos estaban también claramente definidos: todo intento de laicizar la educación estaba por fuera de discusión. En cierto modo, el conservatismo estaba dispuesto a ofrecer paz al liberalismo si este renunciaba a todo sueño de modificar el concordato y de alejar a la iglesia de la educación y el estado. Resulta curioso que algunos de los incidentes de orden público más violentos hayan tenido que ver con asuntos aparentemente anodinos pero de gran significación simbólica, al menos para los conservadores más doctrinarios: en 1921 se presentó, por ejemplo, una entusiasta huelga estudiantil, que pretendía que se colocara el retrato de don Fidel Cano en el paraninfo de la Universidad de Antioquia, como lo había ordenado una ley presentada por el conservador Francisco de Paula Pérez: para algunos colocar la imagen de un librepensador en el paraninfo, al lado de la imagen del Sagrado Corazón, era prácticamente una profanación. Después de algunos días de violencia, la solución fue entronizar a don Fidel en un salón especial.  

3. La fuerza del regionalismo 

 Pero otro elemento permitió con frecuencia el acuerdo de las élites de ambos partidos en Antioquia: el regionalismo. Los dirigentes del departamento se sintieron con frecuencia discriminados por los políticos y gobiernos nacionales, y con base en ello iniciaron movimientos multipartidistas orientados a extraer concesiones del gobierno nacional. Los esfuerzos de 1904 y 1909 por formar un movimiento conjunto de ambos partidos tenían ya algo de esto, pues buscaban entre otras cosas abrir el camino al descentralismo. En 1924 se creo la Junta Colombiana Antioquena, como respuesta a los ataques a Antioquia por el posible ferrocarril a Urabá. En 1926, la Carretera al Mar se convirtió en el punto de acuerdo, alrededor de la cual se formaron Juntas Cívicas Patrióticas compuestas por todo el empresariado local y los dirigentes políticos; estas se revivieron en 1929, en medio de la crisis, por el gobernador Camilo C. Restrepo, con el apoyo de Gonzalo Mejia y Tobón Quintero, otra vez para impulsar la carretera al mar. En 1934 se formo otro movimiento descentralista, y se convoco en Cali a un congreso federalista del occidente colombiano, que fue impulsado por los socialistas Gerardo Molina y Diego Luis Córdoba, los liberales Emilio Jaramillo y Libardo López y los conservadores Fernando Gómez Martínez y José Roberto Vasquez y contó con el entusiasta apoyo de los conservadores y de El Colombiano (que insistía en sus editoriales: "Antioquia es federalista"). La displicente actitud de Olaya aumentó la irritación del regionalismo antioqueno, que defendía la descentralización bancaria, la cesión del subsuelo a los departamentos y la delimitación de los patrimonios de la nación, los departamentos y los municipios.  

En 1935 las propuestas del gobierno de López de unificar el sistema universitario colombiano y dar a la Universidad Nacional el derecho exclusivo de dar títulos unieron a todos los antioquenos en defensa de la Universidad de Antioquia, considerada por muchos como muy superior a la Nacional. El Diario escribió entonces, aludiendo al ministro de educación Luis López de Mesa una frase que con frecuencia se esgrimiría contra los llamados bogoteños: "Siempre hemos sostenido que entre los infinitos enemigos mortales de Antioquia en todo el país, ninguno es tan feroz, tan agresivo y tan artero, como el antioqueño que sale de su tierra y logra establecerse con algún brillo en Bogotá" En 1938 el mismo gobernador Alberto Jaramillo Sánchez decidió sumarse a un movimiento descentralista que despertó el más amplio entusiasmo, y en el que se hicieron manifestaciones populares en las que expusieron sus argumentos, ante 50 o 60.000 personas, Diego Mejia, Fernando Gómez Martínez y Jesús Tobón Quintero. Algo parecido volvió a ocurrir en 1943.  

4. De Reyes a Carlose. 

El siglo XX se inicio bajo el impacto de la guerra de los mil días y la separación de Panamá. Los conservadores antioqueños, que habían respaldado a regañadientes el gobierno de Marroquín, encabezados por Carlos E. Restrepo y Pedro Nel Ospina, propusieron desde 1903 el acuerdo de los partidos para buscar una reforma constitucional que permitiera el funcionamiento pacifico del sistema político. En 1904 se conformaron finalmente en Medellín las llamadas juntas de conciliación, compuestas por conservadores, sobre todo de origen histórico, y liberales civilistas. En ellas se acordó proponer al gobierno la convocatoria de una Asamblea Constituyente, para modificar la carta vigente en el sentido de dar mayor fuerza a los departamentos y municipios, garantizar la representación proporcional de los partidos políticos, dar a la Corte Suprema la función de arbitro de la constitución y crear las condiciones para abolir el papel moneda. En el conservatismo, llevaron la voz cantante Restrepo, Pedro Nel y Mariano Ospina Vasquez y Clodomiro Ramírez, y en el liberalismo Fidel Cano, Roberto Botero Saldarriaga y Jorge Enrique Delgado.  

Las juntas trataron de ponerse de acuerdo para presentar una lista única de candidatos a la Cámara de Representantes, pero esto fue imposible y otra vez la Cámara de 1904 tuvo apenas dos representantes liberales, Rafael Uribe Uribe, elegido por Medellín, y Diego Mendoza Pérez. Además trataron de que el senador que correspondía elegir a la Asamblea de Antioquia fuera liberal, para que hubiera al menos un miembro de este partido en esa corporación, pero la Asamblea finalmente escogió al general Marceliano Vélez: el único voto conservador por un candidato liberal fue el de Nicanor Restrepo Restrepo, hermano del orientador de las juntas.  

La elección de Rafael Reyes modificó las perspectivas políticas en forma inmediata. Los conservadores históricos de Antioquia mantuvieron su actitud de oposición, la que se reforzó tan pronto Reyes decidió cerrar el congreso a fines de 1904. Por el contrario el liberalismo, con excepción de el grupo de El Espectador, acogió con entusiasmo el respiro que le ofrecía Reyes, quien, aunque cerró el congreso, expidió una ley que daba a las minorías la tercera parte de las curules en los órganos legislativos, y convoco una Asamblea Nacional en la cual nombró a dedo una amplia representación liberal.  

En Antioquia Rafael Uribe Uribe, Antonio José Restrepo y Baldomero Sanín Cano, entre otros, dieron un respaldo continuo a Reyes, hasta su caída: no solo veían en el a un representante de una nueva actitud de tolerancia hacia el liberalismo, sino a un gobernante pragmático e interesado, más que en dogmas políticos, en carreteras, fabricas y productos agrícolas. Pero buena parte del liberalismo y del conservatismo antioqueño miro con hostilidad a un presidente que, además de violar la constitución, acentuó el centralismo, intentó gravar las exportaciones de oro, alteró la organización de la Junta de Amortización e impulsó una declaración de la Asamblea Nacional por la cual el Ferrocarril de Antioquia se juzgaba nacional. Para este grupo, tan afín al comercio, la regularización de la circulación monetaria era fundamental, y en 1904 propuso, por boca de Pedro Nel Ospina, que se diera al peso oro un valor convencional de 10.000%.  

En 1906 la invitación a Elihu Root, secretario de Estado norteamericano, dio pie a Carlos E. Restrepo y a Pedro Nel Ospina para escribir, cada uno por su lado, cartas de protesta contra una invitación que consideraban contraria a la dignidad nacional: para Ospina no debía hacerse, además, ningún intento de resolver los conflictos con los Estados Unidos mientras no existiera un régimen representativo en Colombia. La visita de Reyes a Medellín, en 1908, no mejoro las relaciones con la élite antioqueña, pues antes de llegar un violento telegrama de varios centenares de comerciantes y empresarios hizo que se apresara a Gonzalo Mejia y otros. Ni siquiera la devolución a Antioquia de la región de Urabá, recortada durante el gobierno de José Hilario López, fue suficiente para ganar a Reyes el respaldo antioqueño, reducido a un sector liberal y a algunos conservadores nacionalistas. En 1908 y 1909 se acentuó el esfuerzo del sector anti-reyista de Antioquia por hacerlo retirar del poder, y en esta lucha se consolido el grupo que conformaría posteriormente el partido republicano. Orientado ante todo por Carlosé Restrepo, Clodomiro Ramírez, Tomás O Eastman y con el apoyo en el resto del país de importantes dirigentes liberales y conservadores, el republicanismo llevo a Carlos E Restrepo a la figuración nacional y a la presidencia de la república.  

Los republicanos impulsaron la convocatoria de una Asamblea Constituyente, contra la opinión de aquellos conservadores que pensaban que la Constitución del 86 era sagrada y de los liberales que preferían la citación inmediata del Congreso constitucional. La Asamblea, elegida por las municipalidades, quedo compuesta aproximadamente por terceras partes por conservadores tradicionales, conservadores republicanos y liberales republicanos. Los liberales independientes, orientados por el antioqueno Rafael Uribe Uribe, solo lograron unas cuantas curules; los conservadores reyistas quedaron también excluidos. Esta Asamblea realizo la reforma constitucional que estaban proponiendo los antioqueños desde 1904, y eligió como presidente a Carlos E. Restrepo.  

La elección de Restrepo mostraba, por muchos aspectos, un cambio en la estructura políticas del país. En primer lugar, indicaba el creciente peso de Antioquia en la dirección de la nación. Durante la federación, los dirigentes conservadores locales habían preferido en general mantenerse alejados de los conflictos nacionales, contentos con que se les garantizara la no ingerencia del gobierno central en los asuntos locales. Bajo la regeneración, la cordial hostilidad y oposición del conservatismo paisa, encabezado por el general Marceliano Vélez, a los gobiernos de Holguín y Caro, mantuvo a los más representativos antioquenos alejados del gobierno -y cuando fueron llamados a este, fue para problemas: el nombramiento de Abraham Moreno hizo caer de la presidencia al general Guillermo Quintero Calderon, y Pedro Nel Ospina tuvo que ser destituido del ministerio de guerra de Marroquín-. Solo algunos políticos ya muy vinculados a Bogota, como Marco Fidel Suárez, estuvieron entre los orientadores de la regeneración.  

El ascenso de Antioquia representaba pues un reconocimiento de los puntos de vista de los políticos de esta región, que habían estado predicando desde 1891 la suavización de la constitución de 1886. Pero mostraba también la aparición de una dirección política más pragmática y orientada, como lo decía amargamente Marco Fidel Suárez, a honrar "el becerro de oro": un grupo de liberales y conservadores que mezclaban sus tareas políticas con las actividades empresariales y juzgaban que el papel del estado era garantizar las condiciones para el progreso económico. Y por último, iba a representar la creciente importancia efectiva de Antioquia en la actividad económica nacional, reforzada por el desarrollo de la economía cafetera y, a partir de 1920, por el peso en aumento del sector industrial. Este auge de la influencia de Antioquia se advierte con el nombramiento de Pedro Nel Ospina para presidente en 1922 -pues el de Marco Fidel Suárez tuvo que ver con otros factores, y su elección no contó con la simpatía de los antioquenos, que habrían preferido en 1918 a Pedro Nel-, y con el hecho de que se confiara a una tecnocracia antioqueña el manejo de los ministerios de economía y tesoro durante la mayor parte del periodo de 1910 a 1930. Poco a poco, en efecto, se fue conformando una especie de grupo de abogados antioquenos, vinculados a las actividades empresariales pero de formación jurídica y económica relativamente sólida, que se turnaron los ministerios del área. Esteban Jaramillo, Jesús María Marulanda, Jesús María Arias, Francisco de Paula Pérez, Mariano Ospina Pérez, fueron algunos de los ministros del régimen conservador en este sector. A ellos se sumaron, en áreas como las relaciones exteriores y la educación, otros funcionarios como Antonio José Cadavid y José María Yepes.  

Resultados electorales Antioquia, 1914-1951

 

Clase

Año

Población

Votación total

% Votantes en Población

Liberales

%

Conservadores

%

Disidencia Conservadora

%

P

1914[1]

766371

31396

4.1

3029

9.6

28367

80.4

 

 

P

1918[2]

823226

42789

5.2

11106

23.6

31026

72.4

1657

4.0

P

1922

893856

76114

8.5

26844

35.3

49270

64.7

 

 

P

1930

1044524

91641

8.8

35406

37.2

48251

 52.7

7984

8.7

C

1935

1061531

91056

8.6

44217

48.6

46839

51.4

 

 

R

1933

1096379

108885

9.9

46013

42.4

62740

57.6

 

 

C

1935

1132371

116109

10.3

57334

49.9

58664

50.5

 

 

C

1937[3]

1169545

103297

8.8

54762

53.0

48536

47.0

 

 

P

1938

1188587

36626

3.1

36599

 

 

 

 

 

R

1939

1214319

123987

10.2

62199

50.2

60143

48.5

 

 

C

1939

 

106203

8.8

57000

53.7

49203

46.3

 

 

C

1941

1267466

124492

9.8

65257

52.4

59235

47.6

 

 

P

1942[4]

1294056

143249

11.7

74003

51.7

69246

48.3

 

 

R

1943

1322939

122086

9.2

63613

52.1

58473

47.9

 

 

C

1945

1380403

130455

9.5

68421

52.4

61237

46.9

 

 

P

1946[5]

1410734

188209

13.3

88673

47.1

99546

52.9

 

 

R

1947[6]

1441276

197416

13.6

92614

46.9

104408

52.9

 

 

C

1949

1536924

221722

14.4

96627

43.6

124703

56.2

 

 

P

1951

1570197

154156

9.8

 

 

154156

 

 

 

 

 


 

[1] Se tomó como votación liberal la del republicano Nicolás Esguerra. El dirigente liberal antioqueño Rafael Uribe Uribe apoyó a José Vicente Concha, candidato conservador.
[2] Los candidatos conservadores fueron Marco Fidel Suárez y Guillermo Valencia y el liberal José María Lombana Barreneche
[3] El partido liberal se dividió entre santistas y lopistas, con una fuerza casi igual en Antioquia
[4] Se tomó como conservador el voto por el liberal Carlos Arango Vélez, apoyado por el conservatismo
[5] En el partido liberal la votación se dividió entre Gabriel Turbay (80.964 votos) y Jorge Eliécer Gaitán (7.709)
[6] La votación liberal estuvo dividida entre los directoristas (55.265) y los gaitanistas (37.349)

 

5. El regreso del conservatismo 

El republicanismo no sobrevivió la administración de Restrepo: los miembros de ambos partidos volvieron rápidamente a sus toldas de origen, encabezados, entre otros, por Pedro Nel Ospina y Marco Fidel Suárez en el conservatismo y por Rafael Uribe Uribe, quien competía con el general Benjamín Herrera por la dirección del liberalismo. El grupo republicano quedo reducido a una función de "algodón entre dos vidrios" y convertido en un minúsculo grupo, encabezado en Antioquia por Carlos E., Mariano Ospina Vasquez y Clodomiro Ramírez, que cabía en el llamado "sofá republicano", pero que contaba con un gran peso moral. Mientras tanto, el conservatismo local giraba alrededor de Pedro Nel Ospina, quien ocupo la gobernación entre 1918 y 1920 y de dos caudillos de muy distinta orientación.  

 El primero era el general Pedro José Berrío, un hombre sin educación formal, que hacía pose de campesino y prefería a los cargos nacionales el retiro en una finca de Santa Rosa, pero con una evidente firmeza administrativa, y que ocupo la gobernación del departamento en 1911-1912, 1914-1918- el único gobernador en todo el gobierno de Suárez- y 1926-1929: casi la mitad de los anos de 1910 a 1930 Antioquia estuvo regida por un solo gobernador. Berrío se mantuvo en buenas relaciones con los liberales, y a su lado se formaron algunos de los funcionarios de formación jurídica y económica que más influirían en el conservatismo nacional en los anos siguientes, como Francisco de Paula Pérez.  

 El segundo gran caudillo regional fue Román Gómez, un hombre de Marinilla, vinculado familiarmente a importantes dirigentes del conservatismo histórico, y que hizo una carrera burocrática muy rápida en el mundo de la Asamblea Departamental. Asumiendo el papel de defensor de los intereses de los fiscos municipales, y mediante el uso hábil de recomendaciones y favores, se convirtió en el gran elector conservador, y tras dirigir la campaña que llevo a la presidencia a Pedro Nel Ospina, en 1922, quedó controlando la administración local, a través del gobernador, con el que eventualmente rompería, Ricardo Jiménez Jaramillo (1923-26). Su obra más notable fue la ampliación de las participaciones de los municipios en las rentas departamentales, en 1921, aunque lo que más se recuerda es su impulso entusiasta al tranvía de Marinilla, una obra algo romántica y muy costosa que vincularía todo el valle del Oriente con Medellín, a través de Guarne, Marinilla y Rionegro.  

 El dominio de Román Gómez no era muy del gusto del notablato antioqueño, y en 1926 el nombramiento de un directorio romanista desde Bogota condujo a una rebelión local, encabezada por el otro patriarca del conservatismo, don Carlos Vasquez Latorre, hijo, sobrino, primo y nieto de gobernadores y e l € hombre de confianza de la jerarquía eclesiástica. Don Román perdió las mayorías locales, aunque luego las recupero: para 1930 el conservatismo antioqueño contaba pues con las orientaciones a veces opuestas de Gómez, de Vasquez Latorre y del general Berrío. Entre los jóvenes el más notable era Mariano Ospina Pérez, quien había sido diputado, superintendente del ferrocarril y, brevemente, Ministro de Obras Públicas en 1926, y cuya carrera silenciosa y prudente, en la que en vez de enfrentar los temas tradicionales políticos prefería insistir en la creación de crédito para los empresarios rurales o la protección de los cafeteros, y en la que pocos enemigos hacia, había tenido una cima temprana en 1930, cuando estuvo a punto de ser escogido candidato a la presidencia de la República, para tratar de resolver el enfrentamiento suicida entre Alfredo Vasquez Cobo y Guillermo Valencia. A su lado se conformaba también el poder o la influencia de Fernando Gómez Martínez, Gonzalo Restrepo Jaramillo, Luis Navarro Ospina, José María Bernal, José Roberto Vasquez y otros que conformarían el centro del notablato conservador antioqueño durante los 30 anos siguientes.  

 El liberalismo, excluido del poder, seguía teniendo algunas figuras que habían hecho su prestigio en la lucha contra la regeneración, como Fidel Cano y Antonio José Restrepo. La muerte de Rafael Uribe Uribe en 1914 y de Fidel Cano en 1919 dejo la dirección política en Antioquia en manos de Roberto Botero Saldarriaga, Alfonso Castro y Luis de Greiff, mientras surgían figuras más jóvenes alrededor de los periódicos, como Libardo López, Eduardo y Ricardo Uribe Escobar y Carlos Uribe Echeverri, Emilio Jaramillo, y Alejandro López. La izquierda socialista comenzó a aparecer en 1919, y tuvo en María Cano, a partir de 1925, cuando fue proclamada "Flor del Trabajo" con ocasión de las celebraciones del 1 de mayo, su más eficiente animadora. Según Miguel Urrutia, el naciente socialismo alcanzo a reunir una votación más alta que los liberales en las elecciones municipales de Medellín en 1923, pero la afirmación es dudosa. En los años siguientes el dedicado núcleo de izquierda participo en la fundación del Partido Socialista Revolucionario, en 1926, estimulo la creación de sindicatos e hizo habitual una nueva forma de participación política: las manifestaciones callejeras. Los dirigentes revolucionarios con frecuencia concluían en la cárcel, y María Cano estuvo detenida en varias ocasiones.  

 La política administrativa de estos anos se centro en el estimulo a las obras de comunicación: carreteras pero sobre todo ferrocarriles. La terminación del ferrocarril a Berrío, que llego a Medellín en 1914, exigió la hechura del túnel de La Quiebra, concluido en el 1927. Al mismo tiempo se debatió la conveniencia de una vía férrea a Urabá, que quedo aplazada al asumirse como proyecto regional la carretera al mar desde 1926; el ferrocarril al norte, que debía llevar por Porce al Magdalena, fue propuesto y aplazado en varias ocasiones. La ruta al sur, por el contrario, avanzo rápidamente, pero a cargo de una administración privada, hasta que fue adquirida por el departamento. Otra preocupación constante de los gobernantes tenía que ver con el proceso de moralización del pueblo antioqueño, al que se veía entregado al aguardiente y el juego. Las asambleas expidieron normas repetidas para controlar la vagancia, reducir el consumo de aguardiente -en 1919 se presento incluso un proyecto de prohibición total, impulsado por Clodomiro Ramírez, Luciano Restrepo y Román Gómez- y reglamentar el juego. Estos proyectos entraban a veces en conflicto con las necesidades fiscales, pues la renta de licores era la principal fuente de ingresos del estado; durante los treintas el proceso de regulación del juego condujo al establecimiento de la lotería oficial. Además, preocupaba a los gobernadores la escasez del cuerpo policial, compuesto por una gendarmería departamental que no alcanzó nunca los 300 hombres y que operaba sobre todo en Medellín, y unos pocos policías municipales. Para tecnificarla se trajo en 1929 a un inspector inglés, que no logro entenderse con sus colegas locales: se prefirió entonces enviar a un antioqueño a estudiar técnicas de investigación a la Gran Bretaña. 

Votación en algunos municipios seleccionados

_

 

 

1918

Presidente

 1922

Presidente

 1930

Presidente

 1937

Consejo

1942

Presidente

 1946

Presidente

 1949

Presidente

Municipios Conservadores

 

 

 

 

 

 

 

 

Granada

Conservador

  1253

  1496

  1564

 877

  1485

  1966

  2396

 

Liberal

  1

5

  17

 34

 53

 82

 41

Santa Rosa

Conservador

 700

  1320

  1498

  1102

  1640

  1265

 2788

 

Liberal

 144

  223

  230

  [Abstención]

  255

  332

  0

Yarumal

Conservador

 857

 1415

  1540

 1295

 2082

 3262

 3576

 

Liberal

  ,

 80

 203

 416

 157

 664

 698

Municipios Liberales

 

 

 

 

 

 

 

 

Puerto Berrío

Conservador

  50

 348

 404

 265

 896

 494

 625

 

Liberal

 124

  410

  1065

 815

  1345

  1976

  3165

Rionegro

Conservador

 170

  268

 188

 150

 309

 316

0

 

Liberal

  871

  2020

  2038

  1224

  1297

  1855

  2272

Municipios bipartidistas

 

 

 

 

 

 

 

 

Medellín

Conservador

 2645

  4584

  5584

  7262

  7918

 15883

 20202

 

Liberal

  1576

 5235

 6972

 11121

 13678

 18794

26569

Andes

Conservador

409

  804

  1079

  1425

  1549

 2266

 2909

 

Liberal

332

  529

  662

  1949

 3302

 2454

 2328

Bello

Conservador

 208

  338

  550

  275

  400

  789

 2447

 

Liberal

  99

  233

  482

  830

  1044

  1238

  1848

Caldas

Conservador

196

  297

  387

  333

  356

  561

 630

 

Liberal

 98

  246

  506

  562

  717

  923

  1284

Se comportan como Bello v Andes (es decir, se vuelven liberales a partir de los años 30 y vuelven a tener una ligera mayoría conservadora en 1949) Envigado , Concepción y Bolívar. Fredonia presenta las más bruscas oscilaciones: conservador en 1922, liberal en 1930, conservador en 1931, liberal entre 1942 y 1947 y conservador en 1949.

Mantienen amplias mayorías liberales Dabeiba, Turbo, Urrao, mientras que en Salgar hay siempre una leve mayoría liberal.

6. La caída del conservatismo 

La caída del conservatismo dio paso a un complejo periodo de transición en el país y en Antioquia. Los dirigentes conservadores de Antioquia se habían dividido, como los de Colombia: mientras el general Berrío, don Carlos Vasquez Latorre y las figuras jóvenes de mayor prestigio apoyaron a Guillermo Valencia, y ganaron localmente, don Román Gómez respaldo al general Vasquez Cobo, que solo tuvo mayoría en Marinilla y dos o tres pueblos más de la misma zona. Muchos conservadores notables siguieron a Carlos E. Restrepo y Mariano Ospina Vasquez sufragado por el candidato de concentración nacional Enrique Olaya Herrera, aunque esto no aumento substancialmente la votación liberal del departamento.  

 Dentro de su política de gobierno compartido, Olaya mantuvo inicialmente gobernadores conservadores para Antioquia, y a partir de 1931 entro en una alianza muy estrecha con Román Gómez. En agosto de este ano don Román impulso la firma de un pacto de Unión Patriótica, por el cual algunos dirigentes conservadores ofrecían apoyo al gobierno de Olaya y los liberales se comprometían a respetar el concordato y la pureza del sistema electoral. Los malabares políticos de Román Gómez, quien fue elegido como senador por el Tolima mientras sus amigos en la asamblea elegían al pintoresco general liberal Pablo Emilio Bustamante, agudizaron la división conservadora en Antioquia, y llevaron a un enfrentamiento nacional: Laureano Gómez, en discursos de mucho efecto, presento a Gómez como cómplice del asesinato de sus copartidarios en Boyacá y Santander, al colaborar con un gobierno que parecía estimular el surgimiento de la violencia política.  

 El conflicto con el Perú produjo un aplazamiento del conflicto entre los partidos que trataba de provocar Laureano Gómez, y don Román logro conservar bastante influencia. En 1932 fue elegido segundo designado a la presidencia de la República, al tiempo se nombraba como primer designado a Julián Uribe Gaviria, hijo del general Uribe Uribe. Y conservo suficiente poder regional, con sus habilidades de manipulación política, para convertirse en los comienzos del gobierno de Alfonso López en el fiel de la balanza en el congreso. El voto de los tres senadores romanistas (Don Román, Antonio Mauro Giraldo y Eliseo Arbeláez) fue decisivo para la aprobación, en 1935, del pacto de Río de Janeiro que ponía fin al conflicto con el Perú. 

La actitud colaboradora de Gómez, aunque compartida por muchos conservadores -además de los republicanos Restrepo y Clodomiro Ramírez- no tuvo el respaldo de los otros jefes tradicionales antioquenos, Vasquez Latorre y Berrío. El primero veía en el nuevo régimen el horrible triunfo simultáneo del liberalismo, de Román Gómez y de Carlos E. Restrepo, y prefirió retirarse de la vida pública. Berrío, que como gobernante se había opuesto a la persecución del liberalismo e incluso a las leyes heroicas de 1928, prefería una oposición civilista.  

Porcentaje de votación conservadora.  

Este cuadro presenta los porcentajes de votación conservadora, de los más altos a los más bajos, en 1946 y en 1931. 

 

1931 (Consejo)

1946 Presidencia

Cambios mayores en puntos porcentuales

Municipios conservadores homogéneos
 

San Luis

90

99

 

Marinilla

94

97

 

Santuario

90

96

 

San Andrés

93

96

 

Belmira

78

93

(+15)

Granada

91

93

 

Guatapé

62

92

(+30)

Sonsón

88

91

 

Angostura

90

90

 

Cocorná

94

90

 

San Vicente

95

90

 


Municipios muy conservadores

 

Jardín

95

89

 

Santa Rosa

90

88

 

Peñol

91

86

 

Campamento

81

85

 

Alejandría

86

85

 

Nariño

88

85

 

San Pedro

90

84

 

Don Matías

91

83

 

Toledo

52

83

(+29)

Carmen

76

82

 

Yarumal

73

82

 

San Carlos

79

82

 

Abriaquí

96

81

(-15)

San Rafael

83

80

 

Jericó

90

78

(-12)

Liborina

87

77

(-10)

Entrerríos

79

76

 


Municipios de predominio  conservador

 

Santo Domingo

72

75

 

Támesis

99

75

(-24)

Carolina

70

73

 

Ituango

76

70

 

La Ceja

99

70

(-29)

Abejorral

52

69

(+17)

Copacabana

84

64

(-20)


Municipios competitivos

 

Guarne

56

57

 

Anorí

62

55

 

Barbosa

71

52

(-19)

Caramanta

57

51

 

Sopetrán

38

51

(+13)

Betania

32

51

(+19)

Bolívar

57

50

 

Montebello

51

49

 

Maceo1

 

49

 

Andes

65

48

(-17)

Envigado

50

48

 

Heliconia

40

48

 

Valparaíso

52

47

 

Sabanalarga

50

47

 

Medellín

35

46

(+11)

La Estrella

66

45

(-21)

Amalfi

39

45

 

Armenia

48

44

 

Cañasgordas

45

44

 

San Roque

59

43

(-16)

Tarso2

 

43

 

Fredonia

99

42

(-47)

Valdivia

38

42

 

Gómez PIata

30

42

(+12)

Giraldo

56

41

(-15)

Girardota

 

41

73

Itagüí

54

40

(-14)

Salgar

40

40

 


Municipios de predominio liberal
 

Buriticá

57

39

(-22)

Cisneros

42

39

 

Bello

50

39

(-11)

Caldas

36

38

1

Pueblorrico

52

38

(-14)|

Frontino

24

37

(+13)|

Antioquia

27

36

 

Angelópolis

51

36

(-17)

Yolombo

63

33

(-30)

Amaga

54

33

(-19)

Remedios

16

33

(+17)

Concordia

28

33

 

Olaya (Sucre)

62

32

(-30)

Venecia

44

32

(-12

Concepción

14

32

(+18)

Pavarandocito

36

32

 

La Unión

14

31

(+17)

San Jerónimo

8

28

(+20)


Municipios muy liberales
 

Segovia

8

25

(+17)

Titiribí

15

24

 

Caicedo

35

24

(-H)

Betulia

28

21

 

Caucasia3

3

21

 

Urrao

25

21

 

Zaragoza4

4

21

 

Puerto Berrío

36

20

(-16)

Santa Bárbara

33

19

(-14)

Anzá

5

18

(+13)

Dabeiba

4

18

(+14)

Rionegro

14

15

 

Cáceres

36

14

(-28)

Peque

3

14

(+11)

Chigorodó

0

11

(+11)


Municipios  liberales homogéneos
 

Turbo

5

9

 

Retiro

2

8

 

Murindó

9

5

 

 

Porcentaje de votación conservadora en las elecciones presidenciales de 1946


>90
 
75-90 60-75 40-60 40-25 25-10 <10

7. El liberalismo: entre la burocracia y la ideología 

En el liberalismo, por lo demás, se manifestaron pronto presiones para la toma total del ejecutivo. En Antioquia, finalmente, se nombro un gobernador liberal, el primero desde 1885, en 1932: fue Julián Uribe Gaviria, un moderado respetado por toda la elite. Sin embargo, muchos de los militantes locales consideraban que esto no era suficiente y era preciso reemplazar a los conservadores en los cargos públicos. Las tensiones alrededor de esto y las diferentes posiciones ideológicas frente a la creciente movilización popular que había estimulado el triunfo liberal y frente el papel del sindicalismo, comenzaron a acentuar otra vez la división del liberalismo local.  

Durante el gobierno de Olaya, el control practico del aparato liberal local quedo en buena parte en manos de Rafael Arredondo, un hábil político de Ebéjico que desde la Asamblea Departamental había construido una inmensa y eficiente red de militancias y clientelas. La búsqueda de puestos públicos y la distribución de becas para sus seguidores hacían parte central de sus manejos políticos, así como la defensa de las aspiraciones municipales de los municipios que le eran afectos. Eventualmente, el control de los sistemas electorales, la modificación de las actas de escrutinio e incluso su desaparición comenzaron a hacer parte de sus recursos. Pero lo esencial era quizás una mentalidad organizativa y pragmática que le permitió crear una red de comités, comandos y subcomités con una amplia participación de los liberales de la base, y la obsesión política de que era importante y posible ganarle a los conservadores las elecciones en Antioquia: en 1931, como puede verse en el cuadro No. 1, la tradicional mayoría conservadora pareció esfumarse y quedo reducida a casi nada. 

 Los sectores más vinculados a la clase alta de Medellín y los intelectuales del partido vieron con mucha desconfianza los manejos de Arredondo. Los grupos más radicales, asociados a veces a los sindicatos, encontraban también censurable en este su espíritu de transacción con los conservadores, que le permitía efectuar lo que el llamaba "inteligenciamientos" y "aglutinamientos". Poco a poco se fue formando una alianza entre los intelectuales liberales, algunos de los sectores sindicales, sobre todo del municipio, que aspiraban a hacer salir a los conservadores, y el grupo de los notables, a pesar de que estos, como Arredondo, no eran en general muy proclives a una barrida general del conservatismo. Así, la política liberal, que no ocultaba su vocación de hegemonía política, empezó a oscilar entre la búsqueda paulatina de una consolidación burocrática y los esfuerzos por encontrar la fuerza del partido en la movilización popular, la definición ideológica radical y el apoyo sindical. Los notables trataron en general de mantener unidos los dos cabos del dilema, dando cabida a la movilización radical mientras trataban de mantener buenas relaciones con el conservatismo y de desarrollar una política administrativa relativamente eficiente.  

El triunfo encontró al liberalismo en una situación en la que su grupo dirigente era ya bastante veterano o excesivamente joven, lo que llevo, entre otras cosas, a que los principales gobernadores del periodo liberal fueron bastante jóvenes. En efecto, ya en 1931 fue encargado de la gobernación Jorge Restrepo Hoyos, a los 31 anos de edad. Julián Uribe Gaviria tenía 42 anos al asumir la gobernación (1932-34); Aurelio Mejia, quien la ocuparía en 1935 y 1939-42, ejerció el cargo por primera vez a los 36 anos, la misma edad que tenía Alberto Jaramillo Sánchez al asumir el mismo empleo (1937-38; 1944-45). Eduardo Uribe Botero estreno gobernación a los 25 anos (1935, 1938-39), y Pedro María Botero a los 29 (1939 a 1942, en varias breves ocasiones). Tampoco eran muy veteranos Francisco Cardona Santa, de 46 anos (1936-37) o Jesús Echeverri Duque, de 39 (1935-36). 

8. Hacia la confrontación: discursos y manifestaciones 

 El enfrentamiento entre el gobierno y los conservadores empezó a agudizarse con los debates de Laureano Gómez y con la actitud radical de monseñor Miguel Ángel Builes, el joven obispo de Santa Rosa que estaba destinado a convertirse en una de las Euménides del partido liberal: ya en la cuaresma de 1931, mientras el resto de la jerarquía mantenía una actitud de espera frente al nuevo régimen, publicó una explosiva pastoral en la que reiteraba la doctrina tradicional de que el liberalismo, y en particular el liberalismo colombiano, era pecado y era substancial e intrínsecamente malo. Estas pastorales, siempre fechadas en vísperas electorales, se repitieron en 1933 y 1935.  

Finalmente, desde 1933 la cooperación conservadora con el liberalismo se reduce a los romanistas y a las consultas privadas que algunos notables, como Mariano Ospina Pérez, realizan con el presidente Olaya. Para 1934 Laureano Gómez y Pedro José Berrío, como dirigentes nacionales del conservatismo, decretan la abstención en las elecciones presidenciales, y el ano siguiente la extienden a las de congresistas y diputados. La oposición, por lo demás, tiende a ser cada vez más aguda. Según los conservadores, el liberalismo, que ejerce ahora el poder en nombre de la "republica liberal" y de la "revolución en marcha", ha quitado las garantías a los conservadores y enarbola un programa de cambios que amenaza con destruir a la nación. Los proyectos de reformas constitucionales, sobre todo, se convirtieron en tema de una oposición cada vez más radical. Para la mayoría de los conservadores, estimulados por la retórica de Laureano Gómez, así como para algunos sectores de la iglesia, tales proyectos, que hoy parecen tan inocuos, abrían el camino a una republica comunista y masónica. Según monseñor Builes, la idea de la soberanía popular, la libertad de cultos, la enseñanza laica y obligatoria, y hasta el "pernicioso sistema de la coeducación en la universidad" hacían parte de este programa político inaceptable para los católicos. Las manifestaciones de anticlericalismo dentro del liberalismo, la tolerancia a los actos del movimiento sindical, el respaldo de la izquierda liberal, del socialismo y finalmente, en 1936, del partido comunista a los gobiernos liberales, todo esto resultaba prueba de esa conspiración que destruiría las bases de la civilización colombiana, si no se ejercía una oposición valiente y decidida. El conflicto entre un liberalismo que no ocultaba su voluntad de cambio y un conservatismo que se sometía a la dirección de Laureano Gómez empezó a agudizarse y agriarse, e incluso a salir a las calles.  

 En efecto, las movilizaciones populares se convirtieron en parte rutinaria, habitual, casi ritual de la acción política. Ya en los 20s los izquierdistas y revolucionarios, los estudiantes y los obreros habían comenzado a desfilar por las calles de Medellín. Pero a partir de 1931 el liberalismo entra a promoverlas, y la ciudad ve a diario las marchas populares. La visita de un dirigente nacional, la declaración de una huelga, el desarrollo de las campañas políticas se hace en la calle. Los manifestantes hacen un recorrido que los lleva, por ejemplo, del parque de Bolívar a la Plazuela Uribe Uribe y de allí a la plaza de Cisneros, desde donde siguen a la gobernación o a la Veracruz. En cada parada, dos o tres oradores tratan de estimular a los oyentes. Según los conservadores, que todavía miran con desconfianza esta forma de agitación, el aguardiente es un ingrediente habitual de las marchas liberales. Pero a partir de 1935 y 36 el conservatismo decide disputar el dominio de las calles al populismo liberal: sin esto el dominio liberal parece destinado a consolidarse. Los jóvenes de la derecha, deslumbrados por Primo de Rivera y Mussolini, veían en las manifestaciones públicas una forma de esa actitud desafiante y audaz que hacia parte integral del gesto fascista. La disputa de los sitios públicos dejo pronto de ser una metáfora: los grupos opuestos al que manifiesta gritan vivas a su partido y abajos al contrario, y de los vivas se pasa a los insultos y a las peleas. La prensa anuncia las marchas en forma que genera un contrapunto de amenazas y temores: el que va a marchar supone que será saboteado, y se prepara; el otro partido opina que las preparaciones son para hacer violencia y provocar enfrentamientos, y comienza también a alistarse. El temor a la agresión del otro conduce finalmente a que la profecía genere su propio cumplimiento, y la batalla se produce, a veces con el apoyo de disparos, usualmente al aire.  

Los radicalismos se ponían al orden del día. El partido comunista, heredero de las tradiciones del Partido Revolucionario Socialista, comenzó a organizarse en Antioquia, como en todo el país, a finales de 1930. A mediados de ese año se envió de Bogota a Leonardo Paeces a crear las bases de la organización, y poco después vino Ángel María Carrascal, quien encabezó las listas comunistas al Concejo de Medellín en 1933, acompañado por el profesor Luis de Greiff Bravo y con la suplencia del obrero Manuel Marulanda Vélez. Carrascal y Marulanda fueron elegidos, y su actividad en el Consejo fue vistosa y bien pensada. A esto se añadía el esfuerzo por organizar sindicatos y promover las luchas y huelgas obreras. Pese a los esfuerzos dedicados de sus organizadores, que contaron hasta 1936 con el apoyo de María Cano, que seguía pronunciando sus discursos emocionados en manifestaciones comunistas que usualmente concluían con trifulcas provocadas por militantes liberales, el pueblo no respaldo electoralmente al partido, y en 1935 solo obtuvo 75 votos en las elecciones municipales de Medellín: los sectores más avanzados no comprendían la política de hostilidad al gobierno reformista de López. Pero si los comunistas no lograron respaldo electoral, ni la clase obrera antioquena dejo de ser liberal e incluso en buena parte conservadora- aunque algunos éxitos tuvo el partido en Puerto Berrío y en las zonas mineras en su esfuerzo de propagar sus ideas y establecer algunas redes organizativas- si estimularon el movimiento huelguístico local, que alcanzó su momento crucial en la segunda mitad de 1935 y comienzos de 1936, con las huelgas de Coltejer y Rosellón que se relatan en otro capitulo de esta obra. Ahora bien, la política de Frente Popular, decidida por la internacional comunista a finales de 1935, llevo a los comunistas a buscar la alianza con el gobierno de López y con una imaginaria burguesía progresista. Para ello trataron de formar comités del Frente Popular, que en Medellín tuvieron una existencia puramente nominal o se reducían a un simple cambio de nombre de los aparatos del mismo partido: los liberales, los burgueses no le pararon bolas a la idea y el partido tuvo que aliarse consigo mismo.  

En el tono de los enfrentamientos cada vez más abiertos desempeñaba también algún papel la evolución interna del partido conservador. En este, los grupos tradicionalistas, ligados a una visión poco desafiante de un conservatismo republicano y no muy diferente, excepto en su religiosidad y en su vínculo con las jerarquías de la Iglesia, al liberalismo moderado de muchos, encontraban su jefe por excelencia en el general Berrío y su órgano de expresión en La Defensa. Pero al lado de ellos comenzaron a conformarse grupos que asumían una ideología de corte corporativo, de un nacionalismo algo declamatorio, y que en sus formulaciones más radicales rechazaban simultáneamente el liberalismo, la democracia, el parlamentarismo, el sistema de mayorías, etc. Este grupo, compuesto por intelectuales jóvenes de procedencia caldense o antioquena , estaba conformado por abogados y escritores como Silvio Villegas, Gilberto Alzate Avendaño, Abel Naranjo Villegas y José Mejía y Mejía, y gozaba de la simpatía del director de El Colombiano, Fernando Gómez Martínez; en este diario publicaban el suplemento Jerarquía, donde invitaban al conservatismo a una lucha más frontal contra el pasado liberal del país y a una recuperación de la tradición autoritaria bolivariana.  

 Por otro lado, un sector de jóvenes conservadores, de ideología política más republicana y de un integrismo católico a toda prueba formaron en 1935 una sociedad que pretendía ser religiosa y contaba con el apoyo de la curia, pero que no podía ocultar sus implicaciones políticas. Este grupo, orientado por los padres Germán Montoya y Manuel José Sierra, y en el que tenían puesto central Alfonso Uribe Misas, Gonzalo Restrepo Jaramillo y José María Bernal, recibió la denominación de "Alianza por la Fe". Los directores del conservatismo, Laureano Gómez y Pedro José Berrío, consideraron que este organismo representaba una organización política paralela al partido, y ordenaron su disolución. Aunque la mayoría de los socios se retiraron ante la renuncia de la dirección conservadora presentada por Gómez y Berrío, el último de los cuales también renunciaba a la dirección del partido en Antioquia, unos pocos mantuvieron la corporación, que de todas maneras perdió su vigor. El conservatismo, a consecuencia de esto, entró al año 1936 prácticamente sin dirección local.  

9. Las Grandes Maniobras  

La oposición al gobierno de López encontró una forma dramática de expresión en la organización de una celebración formalmente religiosa y apolítica: el Congreso Eucarístico Nacional, que se realizo en Medellín en agosto de 1935. A el asistieron las jerarquías eclesiásticas colombianas, decididas a mostrar por un acto masivo de fe el carácter católico del pueblo colombiano, como un testimonio de que las políticas del gobierno encontrarían el rechazo de las masas del país. También la iglesia entraba a disputar las calles con el gobierno. Dado que el acto era puramente religioso, el liberalismo ofreció alguna ayuda tibia al congreso, y unos cuantos de sus dirigentes estuvieron presentes. Pero fueron los laicos conservadores los que realmente respaldaron el acto. Pero mientras el Concejo de Medellín saludaba al congreso, el de Bogota, ante una propuesta de saludo, declaró, o por ingenuidad o por provocar a la jerarquía, que lo habría apoyado si los prelados hubieran dado una respuesta positiva a las propuestas que entonces se discutían en el congreso, como la reforma del concordato, el establecimiento del divorcio y de la educación laica, gratuita y obligatoria. 

Las celebraciones, que habían incluido la traída del Santísimo desde Bogota en avión (contra la opinión de la curia romana, preocupada por "los riesgos de la aviación"), se hicieron en un ambiente multitudinario inusitado: 200 o 300.000 personas asistieron a los actos, y en uno de ellos el obispo Juan Manuel González Arbeláez leyó la declaración del cabildo bogotano y entro en cólera: entonces respondió a lo que vio como una provocación blasfema diciendo que estaba dispuesto a "derramar su sangre en defensa de la religión católica" e hizo jurar a la multitud la defensa de la "religión católica a costa de la misma vida". Estos sucesos acentuaron el alejamiento entre el gobierno y la Iglesia y entre el gobierno y el conservatismo, y se entró en un proceso de confrontación cada día más agudo. 

Durante el ano siguiente, uno de los temas centrales fue la discusión de la reforma constitucional, aprobada finalmente por un congreso exclusivamente liberal. Para expresar su rechazo a este paso, los conservadores prepararon una serie de celebraciones de los 50 anos de la constitución de 1886, que se cumplían en agosto. Simultáneamente, los sindicatos, dominados por dirigentes comunistas o liberales, prepararon un congreso laboral que debía también tener lugar en agosto en Medellín, en el que esperaban crear una confederación nacional de trabajadores. El congreso, que contó con el respaldo del gobierno, estuvo reunido durante varios días en el Teatro Bolívar y condujo a la creación de la Confederación de Trabajadores de Colombia, en cuyos organismos directivos quedaron los dirigentes antioqueños Gerardo Molina, Pedro Luis Valencia y otros. 

Mientras sesionaba la convención obrera, los conservadores organizaban una manifestación que recorrería las calles y terminaría en el Circo España, donde se pronunciarían los discursos finales de la celebración de la constitución. La manifestación conservadora, después de tener algunos choques con liberales, pasó frente al Teatro Bolívar, y allí aumentaron las provocaciones mutuas. Los conservadores siguieron hasta la plazuela de San José, donde escucharon el encendido discurso del santanderiano Manuel Serrano Blanco, en el que dijo que "los trapos rojos significan las sabanas ensangrentadas en las primeras noches del matrimonio. Y ese trapo es mentiroso, porque en el Frente Popular nadie es virgen. Ni la mujer, ni la madre, ni la hija, ni la novia". La reacción liberal fue inmediata, y contó con el respaldo de la policía, que dejo mucho conservador contuso. En el Circo España, más tarde, se reanudó el conflicto y la policía intento desalojar a los asistentes. Hubo disparos, probablemente de la policía, y dos conservadores, uno de ellos hijo de un dirigente muy conocido, murieron. Adquiría así el conservatismo sus mártires locales, y el gobernador Francisco Cardona Santa fue acusado de haber propiciado la violencia al dejar la ciudad en manos de la policía y no haber utilizado más bien el ejército para mantener el orden. Algunos conservadores, como Julio Cesar García, protestaron contra el "amargo ultraje" de Serrano Blanco y por el hecho de que se trajera gente de fuera a que "se nos insulte".  

10. El lento declive liberal  

 Este paroxismo de violencia no iba a repetirse en mucho tiempo. La tensión política comenzó a disminuir después de la aprobación de la reforma constitucional, y los años siguientes del régimen liberal tuvieron un tono anticlimático. Desde 1937 las elecciones regionales mostraban una leve mayoría liberal (ver cuadro No. 1), debida probablemente a una medida combinación de intimidación y fraude arredondista. La ausencia del conservatismo de las corporaciones nacionales y departamentales estimulaba la división liberal. El grupo arredondista complicó la vida a los gobernadores de 1935 y 1936, como Jesús Echeverri Duque, Aurelio Mejia y Francisco Cardona Santa, apoyándose en su poder local y en su influencia en el directorio nacional liberal: tanto Echeverri como Mejia renunciaron al imponérseles algunos nombramientos desde Bogota, probablemente por presión de Arredondo. Este, por su parte, fue nombrado alcalde de Medellín en 1937, pero a los pocos meses se retiro, en momentos en que estallaba una huelga de los obreros del municipio. Finalmente se fue consolidando un grupo antiarredonista, los "unionistas", que contaban con casi todos los notables liberales, como los ex gobernadores Uribe Gaviria, Echeverri Duque, Mejia, Juan J. Ángel, y Eduardo y Ricardo Uribe Escobar. El Diario no cesaba de tronar contra Arredondo y sus apoyos bogotanos, en particular El Tiempo

 Con la disminución de la tensión, los conservadores antioqueños, cada vez más alejados de Laureano Gómez, comenzaron a insistir en la necesidad de participar otra vez en las elecciones del Congreso y presentar candidatos para la presidencia: El Colombiano propuso la de Mariano Ospina Pérez para 1938-42. Además, el general Berrío se opuso en diversas ocasiones a la línea de oposición de Laureano Gómez, cada vez más cercana a la conspiración y a la "acción intrépida", aunque mantenía su rechazo a la participación en el gobierno. Fernando Gómez Martínez, por su parte, debió soportar la excomunión de ambos jefes por haberse posesionado como miembro del Gran Consejo Electoral, así como la enfrentaría en 1942 al votar a favor de la reforma del concordato. 

 Durante el gobierno de Santos los arrestos reformistas del liberalismo se detuvieron, y el partido liberal fue buscando más y más el acuerdo con los conservadores; su radicalismo sindicalista dio el paso a una política centrada en el desarrollo de programas administrativos más o menos eficientes. Ante el resurgimiento de la candidatura de Alfonso López para 1942-46 los conservadores antioquenos trataron de impulsar a Carlos Uribe Echeverri, un liberal indistinguible de los conservadores, pero dieron finalmente su apoyo a otro liberal de derecha, Carlos Arango Vélez, quien contó inicialmente con el apoyo de El Tiempo. Don Rafael Arredondo presto un notable servicio a la candidatura de López al convencer a Uribe Echeverri de que lo apoyara, y esto le permitió regenerar su poder ya algo en decadencia: otra vez ocuparía la alcaldía de Medellín en 1945. 

El gobierno de López reanimó las vertientes laureanistas del conservatismo, incluso en Antioquia, donde el grupo dirigente, aunque compuesto cada vez en forma más clara por un sector estrechamente vinculado a la economía cafetera y al mundo industrial, viró de nuevo hacia la oposición total. Solo en 1945, con la presidencia de Alberto Lleras, volvió el conservatismo a colaborar con el gobierno, y dos antioqueños -Francisco de Paula Pérez y José Luis López- hicieron parte de su gabinete. Pero el gobierno de Lleras se hacia en condiciones difíciles para el liberalismo. López había debido renunciar, y la sucesión de Lleras se anunciaba difícil, ante la presencia de dos candidaturas, las de Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. En Antioquia Gaitán tenía pocos seguidores, a pesar de que había sido muy activo en la primera mitad de los 30s en el movimiento sindical; el liberalismo antioqueno, moderado, empresarial y contemporizador, se sentía mucho mejor con Turbay. Para los conservadores se presentaba entonces la gran oportunidad, y la figura de Mariano Ospina Pérez, que se había mantenido por fuera de los grandes conflictos políticos -aunque no de los debates de política económica- de la republica liberal, y había consolidado una imagen de estadista y "constructor" en la Federación Nacional de Cafeteros y en el congreso, donde había estimulado la creación de la Caja Agraria y otros proyectos desarrollistas, resultaba un candidato muy atractivo. La burguesía antioqueña, que había tenido en Carlos E. Restrepo un portavoz vigoroso a comienzos de siglo, no podía tener ahora un representante más adecuado que el silencioso empresario conservador. En efecto, las elecciones le dieron, en Antioquia, una amplia ventaja, y aunque en el resto del país solo gano por la división liberal, en su departamento volvió a consolidar una mayoría tradicional del conservatismo que solo en breves momentos se había interrumpido durante la republica liberal. Las elecciones mostraron también la débil influencia del radicalismo popular en Antioquia: mientras Gaitán lograba la mayoría en casi todas las ciudades importantes de Colombia, en Medellín recibía aproximadamente el 5% de los votos, y solo lograba ganarle a Turbay y a Ospina en Puerto Berrío y Zaragoza. 

El candidato electo, como Carlos E. Restrepo y Enrique Olaya Herrera, ofrecía gobernar con ambos partidos en una política de Unión Nacional. Las condiciones del país se mostrarían más fuertes que su voluntad, y durante su gobierno se abriría el trágico ciclo de la violencia en Colombia. Pero esto es tema de otro capitulo. 

Bibliografía

Echavarría M. Guillermo, Camilo C. Restrepo Medellín, 1979

Duque Gómez, Luis: Román Gómez, Municipalismo y Concordia Nacional. Bogota, 1985

Galindo Alvarez, Campo Elías, e Isabel Muñoz Parra, La revolución en Marcha en Antioquia. Tesis de Historia, Universidad Nacional de Medellín, 1985.

Fernando Galvis Salazar: Don Marco Fidel Suárez Bogota, 1974

Giraldo Londoño, Pedro Nel: Don Fernando: Juicio sobre un hombre y una época. Medellín, 1963

Gómez Martínez, Fernando: Recuerdos. Medellín, 1979

Mejia V, Gilberto, Memorias- El Comunismo en Antioquia (María Cano) Medellín, s.f., 1985?

Pérez, Francisco de Paula: General Pedro J Berrío: Paginas de su Vida Bogota, 1964

Restrepo Carlos E.: Orientación Republicana Bogota, 1972

Reyes, Catalina, “La huelga del ferrocarril de Antioquia, 1934” en Revista de Extensión Cultural, 12 y 13, Medellín, 1982.

Robledo, Emilio, Vida del general Pedro Nel Ospina. Medellín, 1959

Sanín Echeverri, Jaime, Ospina supo esperar. Bogotá, 1978

Tirado Mejía, Álvaro, Aspectos políticos del primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, Bogotá, 198ª.

Torres Giraldo, Ignacio, María Cano, mujer rebelde, Bogotá, 1972

Torres Giraldo, Ignacio, Los inconformes, vols. IV y V, Bogotá, 1968.

Torres Giraldo, Ignacio, Huelga general de Medellín, 1934, Medellín, 1976

Uribe Escobar, Ricardo, El almanaque de don Alonso Ballesteros, Medellín, 1983

Zapata Restrepo, Miguel, La mitra azul (Miguel Ángel Builes: el hombre, el obispo, el caudillo). Medellín, 1973.

Mensajes de los gobernadores y secretarios a la Asamblea, diversas fechas.

 

Jorge Orlando Melo
Publicado en Historia de Antioquia, Medellín, 1987 y 1988.

 
 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Jorge Orlando Melo. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización octubre 2016
Diseño, concepción y gestión de contenido: Katherine Ríos