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Sociedad civil y ciudadanía en el proceso de paz
 

"Sociedad civil" es una de expresión que todo el mundo usa pero nadie sabe bien que significa. En Estados Unidos se volvió bandera de los defensores de una sociedad liberada de la tutela estatal, y en Europa Oriental la lucha contra el comunismo se hizo a nombre de la sociedad civil enfrentada a un estado dictatorial.

En Colombia no sabemos que es, pero si quienes son sus representantes: dirigentes gremiales y sindicales, profesores universitarios, intelectuales y periodistas, jerarcas eclesiásticos, directivos de ONGs. Unos representantes que no fueron escogidos por la sociedad civil, sino cooptados por el gobierno y los guerrilleros, y acogidos por los medios como la voz genuina de la voluntad general.  

Estos representantes se apoyan en la crítica a la democracia para afirmar que son más legítimos que los órganos estatales, escogidos cada cuatro años por 8 o 10 millones de personas. Ya en los años treinta algunos ideólogos del conservatismo acogieron la crítica fascista y falangista a la democracia y al voto igualitario y propusieron una democracia orgánica, en la que gremios, sindicatos, iglesias y universidades asumieran directamente la defensa del bien común. En 1952 casi tenemos una constitución que daba el poder a los organismos de la sociedad civil, y no a unos electores ignorantes y fáciles de comprar o presionar, que casi siempre se equivocan y eligen a los más inmorales y menos capaces. 

En contraste con un Estado corrupto, violento y clientelista, la sociedad civil es presentada como ejemplo de transparencia, justicia y voluntad de paz. Poco importa que en Colombia esa sociedad civil esté muy armada, que muchos de sus miembros respalden la guerrilla o los paramilitares, o que casi toda la corrupción estatal se haga con miembros de la sociedad civil que buscan eludir la ley o hacer fortuna con el Estado.  

Esa democracia imperfecta, debe entonces ser sustituida. Desde hace 40 años la guerrilla, que cree que el pueblo no conoce sus intereses, suplanta los movimientos sociales: substituyó las luchas populares, y de pasó destruyó toda posibilidad de partidos políticos de izquierda y generó una reacción que endureció al país y llevó al reemplazo, todavía más grave, de la fuerza legal y la justicia estatal por grupos armados apoyados por la terrible sociedad civil del campo. 

Ahora existe el consenso de que estos "representantes" de la sociedad civil son el interlocutor más adecuado con las guerrillas, y que el proceso de paz no podría avanzar si no se les da un papel mayor  

Por supuesto, un proceso de negociaciones como éste necesita que estas organizaciones no gubernamentales discutan y participen: una verdadera democracia requiere organizaciones sociales activas. Pero lo que no es democrático es creer que estas entidades son representantes de la ciudadanía y que actúan en el proceso de paz como tales. Esto conduce, en un país cuyo problema central es la existencia de una democracia llena de limitaciones, clientelista y corrupta, a debilitarla, a desacreditar los sistemas de representación, el congreso o los partidos, en vez de reformarlos y fortalecerlos  

Por ello, es urgente limitar el papel de estos "representantes" en el proceso de paz: aclarar que actúan como apoyo al proceso, como mediadores, pero que expresan sólo la opinión de sus organismos y la de nadie más, pues en una democracia la representación legítima surge sólo del voto de los ciudadanos, los únicos que pueden confirmar un acuerdo entre el gobierno y la guerrilla.  

Sin duda, los ciudadanos, a través de sus formas de organización, tienen un papel central que desempeñar, que incluye dos grandes tareas. La primera, de la que ha habido ya ejemplos, es expresar el rechazo total a la violencia y a cualquier uso de las armas como herramienta política, mostrar que no aceptan que los grupos armados, guerrilla o paramilitares, hablen y actúen en su nombre. Y la segunda es rechazar los fusiles votando con seriedad, sin dejarse comprar ni seducir por promesas vacías y sin facilitar, con la abstención, los trucos de clientelistas y corruptos.

Jorge Orlando Melo
Intervención en la mesa redonda realizada en la Universidad Javeriana, Bogotá, 2001

 
 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Jorge Orlando Melo. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización octubre 2016
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