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Los que aparecen en Internet
 

Durante la primera mitad del siglo XX, la fama dependía de los periódicos, que otorgaban el prestigio a escritores, políticos, músicos, pintores, y de vez en cuando, asesinos o ladrones. Entonces los colombianos admiraban a Jorge Eliécer Gaitán, Laureano Gómez, Alberto Lleras, Porfirio Barba Jacob, Julio Flórez y Monseñor Ismael Perdomo. La radio y la televisión, al llegar a un público masivo en proceso de alfabetización, volvieron populares a músicos, deportistas, reinas de belleza y actores: llegó la época de Cochise Rodríguez, el Caimán Sánchez, Luz Marina Cruz, Lucho Bermúdez y Amparo Grisales.

Ahora Internet es el sitio donde aparecen los personajes: políticos, actores, periodistas, músicos, escritores, modelos, deportistas, criminales. Y como deja medir con facilidad la figuración de las personas, uno puede lanzarse a la sociología casera y tomar como guía a Google para verificar quienes son los colombianos que más se ven en la web. Los resultados son en parte previsibles, en parte sorprendentes.

Los colombianos vivos que más aparecen son Shakira y García Márquez. La primera tiene más de 23 millones de registros, mientras que Gabo aparece un poco más de 4 millones. Juanes y Juan Pablo Montoya siguen, y en quinto lugar aparece el presidente Álvaro Uribe. Completan los 10 personajes más “populares” Juan Manuel Santos, (a quien le han ayudado a subir Raúl Reyes y los ecuatorianos) Carlos Vives, Natalia París, Andrés Pastrana y el Mono Jojoy. Después predominan cantantes, deportistas, modelos y artistas de televisión, aunque en puestos medios están escritores como Álvaro Mutis y Fernando Vallejo, William Ospina, Laura Restrepo y Héctor Abad. Los únicos investigadores sociales o científicos que figuran entre los cien más visibles son los que tienen columnas en los periódicos u ocupan cargos públicos.

Ya hay varios sitios donde puede verse quienes aparecen más en Internet, pero son muy inexactos: los homónimos y el descuido alteran los resultados. Una organización norteamericana da unos premios Nobel alternativos a investigaciones irrelevantes. Un buen concursante sería quien inventara un índice de popularidad en la Web (¿la “webilidad”?): algo totalmente inútil, pero que mostraría como Internet refuerza los rasgos de una sociedad en la que el entretenimiento y el espectáculo dominan y las encuestas instantáneas crean la ilusión de opinión democrática.

Antes el reconocimiento de escritores o artistas lo hacían lectores o aficionados, y los políticos forjaban su prestigio en años de trabajo: ahora los medios crean primero los personajes, más importantes que sus obras. Periodistas y presentadores de noticieros se vuelven novelistas de fama y deportistas y actores de televisión logran triunfos políticos notables.

Los políticos y empresarios descubrieron, con los medios modernos, que la opinión pública no se forma en los conflictos y mediaciones de la vida real, ni en debates que discuten y sopesan argumentos,  ni en el análisis de una amplia información por parte de los ciudadanos: es algo que los asesores de medios ayudan a conformar y amasar, dosificando conflictos e informaciones, pan y circo, sexo y música, desafíos, gestos e imágenes, y reemplazando los debates de argumentos por confrontaciones personales, la discusión por el conflicto, el razonamiento por el crispamiento y el clima de ansiedad y miedo, que invita a la adhesión emocional a los políticos salvadores.

Internet parece reforzar estas tendencias, pero tiene rasgos, como su descentralización potencial, su capacidad de estar cerca de los ciudadanos, que permitirían que funcionara en forma más apropiada para una sociedad democrática. Sin duda Internet será el instrumento central de debate e información social en las próximas décadas, pero aún no sabemos si ayudará a manipular o a liberar a los ciudadanos.

Jorge Orlando Melo
Publicado en El Tiempo, 23 de julio de 2009

 
 
 

 

 

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