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Contra pobreza, pobreza
 

Dado el dominio apabullante de una teoría que termina atribuyendo la pobreza y el desempleo -y por supuesto, estoy haciendo una caricatura- a que los pobres ganan mucho, resultan interesantes las peleas del vicepresidente Angelino Garzón, sin considerar sus posibles intereses políticos.

    Todos coinciden en que en Colombia, a pesar de las leves disminuciones de los últimos años, hay mucha desigualdad y mucha pobreza. Según las cifras del DNP (y de Garzón), en Colombia casi 17 millones de personas viven con ingresos monetarios (incluyendo transferencias en dinero del Estado) de menos de 189.000 pesos (o de 756.000 para una familia de 4). Como los ingresos de los pobres también son desiguales, los que ganan esto son muy pocos, y la mayoría de ellos tienen que contentarse con mucho menos: no encontré en el Dane o el DNP el ingreso promedio de los 17 millones de pobres, pero yo apostaría a que es inferior a 100.000 mensuales por persona.

    Por eso la pregunta tremendista del Vicepresidente es válida: después de pagar casa, servicios, transporte, ropa, etc., ¿se puede "mercar" para cuatro personas con ese ingreso, es decir con unos 150.000 pesos para las familias pobres promedio, o 300.000 para las de mejor clase, las que están a punto de que no se las cuente como pobres? Es posible que sí, y sería interesante hacer el ejercicio en la realidad, para recomendar a esas familias unas "canastas" alimenticias óptimas, de 150.000 a 300 mil pesos mensuales, que den una buena nutrición, teniendo en cuenta las cosechas, lo que esté barato, etc. Pero de pronto no se puede.

    Lo interesante del debate no es tanto cómo medir la pobreza, sino que Garzón parece creer en la teoría de que la mejor forma de disminuir la pobreza es aumentar los ingresos de los pobres, y el año pasado logró que el Gobierno subiera el salario mínimo un poco más que los precios. Pero muchos piensan otra cosa. El FMI, en julio, recordó que el desempleo se debe en gran parte a que se paga mucho a los pobres, pues el salario mínimo ha subido por encima de la inflación.

    Quienes creen esto añaden que las empresas y los ricos tienen impuestos muy altos y por eso no invierten, y pagan tarifas de servicios muy altas para subsidiar a los estratos bajos. Por eso hay que frenar los salarios, para que suban solo con la inflación (como si los obreros no fueran más productivos hoy que hace 10 o 20 años), quitar subsidios familiares y de servicios, bajarles los impuestos a los ricos (ya se hizo algo en la última década) y, para compensar, cobrar impuestos a los que hoy, por ganar muy poco, están exentos ("ampliar la base tributaria" se llama la figura). Para justificar esto, algunos técnicos dicen que en Colombia los impuestos son muy altos y el Estado recibe parte muy grande del producto (lo que es cierto si nos comparamos con África, pero no con Europa), y que el Estado no funciona bien porque paga mal a técnicos y altos funcionarios, que no pueden vivir decentemente con 10 o 20 salarios mínimos al mes.

    El supuesto es que si se paga más a los pobres no les darán empleo, y si se cobran altos impuestos a los ricos se llevarán la plata del país. Este argumento, el "desarrollismo" de hace unos 40 años, ayudó a frenar los intentos serios de política redistributiva, los que insistían en reforma agraria o impuestos realmente progresivos, o confiaban en que el mayor ingreso de los pobres se convertiría en demanda para las industrias de bienes populares y bajaría el gasto suntuario.

    Por eso la mejor forma de reducir la desigualdad parecería ser mejorar durante algunos años la condición de los ricos y dejar igual la de los pobres, para que algún día, cuando la economía haya crecido bastante, podamos elevar los niveles de vida de todos. Mientras tanto, Angelino es un ignorante y un populista.

Jorge Orlando Melo
Publicado en El Tiempo, 29 septiembre de 2011

 

 

 

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Ultima actualización octubre 2016
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