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Ilusiones e ilusiones
 

Si hay un problema desesperante en el país es la calidad de la educación. Después de 80 años tratando de mejorarla, cualquier profesor universitario dice que los alumnos son más malos hoy que hace años. Puede que esta sea una impresión producida por la ampliación de la matrícula: antes se graduaban unos pocos bachilleres de familias educadas, y aunque hoy haya más estudiantes y más maestros buenos, se pierden entre tantos mal preparados.

De todos modos, Colombia, comparada con otros países, tiene una educación muy mala, y no sabemos por qué. Gastamos más, como proporción del PIB, que otros países con mejores resultados y tenemos concepciones pedagógicas modernas, pero parece que se recitan y no se aplican.

Y a pesar de que se hacen muchas pruebas, no se sabe qué causa la gran variación en los resultados. A los estudiantes de los colegios privados caros les va muchísimo mejor que a los del sistema público, pero nadie puede decir si esto es efecto de la diferencia en el ambiente cultural familiar, de casas con libros y con padres profesionales, o de otras cosas. Y no tenemos idea de cómo cambiar esto.

Por esto, los anuncios, cada 3 o 4 años, de planes para mejorar la calidad responden a intuiciones vagas, y llevan a programas costosos y sin resultados. Como los maestros están mal preparados, hace años que el Gobierno les da más y más cursos extras. Ahora, el Ministerio de Educación reitera esta estrategia, buscando dar a los peores colegios y docentes el apoyo de los mejores maestros, que se formarán con otros tutores expertos. Incluso, ha salido del cubilete mágico una cifra loca: que esto mejorará en el 25 por ciento los resultados para el 2014. Costará casi medio billón de pesos, y aunque es buena idea usar los mejores maestros, se puede apostar que los puntajes de nuestras próximas pruebas serán casi iguales.

Por su parte, varios candidatos a la Alcaldía de Bogotá prometieron acabar con la doble jornada. Para aumentar en dos horas el horario de los niños, hay que tener el doble de colegios y conseguir mucho maestro nuevo. Pero no se sabe si esto sirve. En Finlandia, el país con mejores resultados del mundo, la ministra dijo que era porque los niños iban menos a la escuela que en el resto de Europa, y tenían más tiempo para leer, divertirse y tener pasatiempos.

Más horas de clase, más cursos para maestros, computadores para todos los estudiantes (unos pocos libros por niño sirven más que un computador para cada niño), formación "pertinente" para conseguir trabajo (lectura, escritura, matemáticas y artes -música, pintura, artes manuales- es lo único que hay que enseñar en la escuela básica), cursos y cursos para que los niños aprendan a respetar a los demás y vivir en sociedad: recetas ineficaces y que producen ilusiones dañinas, que impiden concentrarse en lo que importa.

Por eso, la decisión de la Secretaría de Educación de Bogotá de comenzar a ampliar el horario escolar mediante ensayos y pruebas, buscando que en las horas adicionales los estudiantes usen recursos culturales existentes (museos, bibliotecas, parques, etc.), en vez de lanzarse a ciegas y a toda carrera a construir colegios y ampliar programas, es de indiscutible sensatez.

Lo razonable, ya que nadie sabe qué remedios sirven, y estos son tan caros, es mejorar el diagnóstico, y mientras no haya un remedio confiable, seguir haciendo las cosas más modestas pero más útiles que ya hacen el Ministerio o los colegios y apoyar las ideas nuevas de colegios y docentes. Promover la creatividad y la imaginación de maestros y escuelas, de editores y productores de materiales para Internet, puede llevar a que cambien la clase y el ambiente escolar, a cosas que se pueden divulgar y copiar, y que cuestan muy poco, en comparación con las grandes soluciones, que ilusionan pero no funcionan.

Jorge Orlando Melo
Publicado en El Tiempo, 7 de junio de 2012

 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Jorge Orlando Melo. Bogotá, Colombia.
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