Principal

Columnas de prensa

Textos:

Historia de Colombia

Antioquia y Medellín

Política

Paz y Violencia

Derechos humanos

Periodismo

Literatura

Lectura y Bibliotecas

Ciencia e investigación

Educación

Política Cultural

Indice general de textos

Referencia:

Reseñas de libros

Documentos históricos

Listas y bibliografías

Jorge Orlando Melo:

Textos biográficos

Hoja de vida

Entrevistas

Contacto

Enlaces recomendados

Buscar

 

 

Libros y balones
 

En el 2009 se hizo una prueba (Pisa) que evaluaba la capacidad de los jóvenes del mundo para buscar, leer y entender información en Internet. Los colombianos, confirmando los malos resultados que habían tenido en otras pruebas de lectura del mismo año, sacaron el último puesto, mucho más atrás del penúltimo, como en las viejas vueltas a Colombia cuando el ciclista del farolito rojo llegaba después de haberse ido los jueces y periodistas.

Quizás la causa principal de esto es que en Colombia los estudiantes, sobre todo en los estratos populares, leen poco, pues no tienen libros en las casas ni en las escuelas, y por eso cuando usan el computador no son capaces de aprovecharlo, de sacarle jugo. En contraste, los niños privilegiados, que van a colegios donde la biblioteca es importante y vienen de familias lectoras, tienen resultados en las pruebas oficiales (Saber) comparables y hasta superiores a los de los mejores países del mundo.

Para compensar en algo esta discriminación, el gobierno de Álvaro Uribe desarrolló, con bastante éxito, un plan de lectura: al fin de su gobierno, todos los municipios del país tenían una biblioteca pública decente, y a ellas iban más de 20 millones de personas al año, casi todos niños de las escuelas públicas del país. El plan no costaba casi nada, pero los presupuestos cayeron bruscamente al final de su gobierno: para el 2010 no gastaba ya más de dos o tres mil millones de pesos en ellas.
Para garantizar un ingreso regular pero modesto a este programa, el Congreso aprobó en el 2010 dar a las bibliotecas públicas una parte del IVA a celulares, que hace que cada colombiano aporte más o menos cuatro pesos por cada mil que gaste, y que deberían dar unos 15.000 millones de pesos por año a las 1.000 bibliotecas del país. Pero el Congreso revocó al poco tiempo esta decisión en un 'mico' que la Corte Suprema anuló.

Ahora se acaba de aprobar otra vez, en primer debate, quitar a las bibliotecas públicas este aporte. Aunque la parte global para cultura no se reduce, va a ser administrada totalmente por los municipios, que prefieren gastar en fiestas y no en bibliotecas. De este modo, estas dependerán del apoyo que decida darles el Ministerio de Cultura, que, aunque en este momento es otra vez muy decidido, varía en forma dramática. Mientras tanto, entre participaciones, impuestos al cigarrillo, los celulares y los espectáculos, se garantizan para deporte sumas muy superiores al gasto total del Gobierno en cultura.

Deporte y lectura son, por supuesto, útiles e importantes. Los niños deben hacer ejercicio para crecer sanos y deben aprender a leer bien, a entender y criticar lo que leen y a manejar la abrumadora información hoy disponible. Pero si algo frena ahora al país en su afán de progreso, en su deseo de desarrollar una economía próspera, es la debilidad de su sistema educativo, en especial en lo relativo al desarrollo de capacidades y hábitos de lectura y escritura adecuados para nuestro mundo.

¿Por qué, entonces, este afán de quitarles a los niños esta colombina, que no cuesta mucho, cuando ya se da mucho más al deporte? ¿Por qué no apoyar con igual entusiasmo que los niños jueguen con el balón y se diviertan con libros? Me imagino que es porque el deporte es para la mayoría de la gente, más que un ejercicio real, un espectáculo. Buena parte de los recursos públicos va a la construcción de estadios, escenario de un deporte competitivo, en el que participan pocos, pero del que disfrutan muchos, y que desata las rivalidades nacionales o municipales, las emociones que hagan olvidar algo las dificultades de la vida. Apoyar el deporte puede dar votos ahora mismo, y dar de leer a los niños y jóvenes es una inversión electoral de remoto rendimiento. Pero es una inversión en calidad de vida, en desarrollo de las capacidades humanas del país, que no puede aplazarse, porque el tiempo que se pierda no es recuperable.

Jorge Orlando Melo
Publicado en El Tiempo, 5 de julio de 2012

 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Jorge Orlando Melo. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización octubre 2016
Diseño, concepción y gestión de contenido: Katherine Ríos