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La muerte en las calles
 

Hace algunos años, el Alcalde de Bogotá dijo que iba a reducir "la sensación" de inseguridad. Uno pensaría que lo que importa es bajar la inseguridad, que cambie la realidad y no su imagen. Pero la percepción importa mucho a los gobernantes, a los que puede preocuparles más que los ciudadanos crean que mejoró la seguridad que no que sea verdad. Y hoy, cuando las ciudades compiten por atraer turistas o inversionistas, mostrar una cara violenta no es buena idea. Esto era lo que tal vez preocupaba al alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, cuando se enfureció por los documentales y reportajes que hablaban de los sicarios de la bella villa.

Mirando las ciudades, se ve que del 2005 al 2009 los homicidios en Medellín se triplicaron, y la percepción de que la ciudad era muy violenta tenía buenas bases. Pero en Cali y Bogotá también creció la violencia. Del 2006 al 2010, los homicidios de estas tres ciudades pasaron de 3.600 a 5.600. Ahora bien, desde el 2010 ha habido un evidente cambio: en el 2011, el número de casos bajó a 5.100 y si la tendencia del primer trimestre de este año sigue, acabarán el año con cerca de 4.000 víctimas. Sin embargo, mucha gente, quizás la mayoría, cree que entre el 2006 y el 2010 la seguridad mejoró mucho, y que en los dos últimos años se ha estado dañando.

Una razón de esto es que se notan sobre todo los cambios que duran, y que pesan más algunos incidentes dramáticos que la violencia de todos los días. La caída de homicidios, entre el 2002 y el 2006, real y fuerte, hizo que se mantuviera el optimismo durante los cuatro años siguientes, cuando la violencia total casi no bajó (y aumentó algo en las ciudades principales). Y los homicidios rutinarios en Manizales, Palmira o Cúcuta no se advierten tanto como una emboscada guerrillera o un acto terrorista: los muertos de la calle, aunque sean muchos, no salen en los periódicos, mientras que un ataque guerrillero es una gran noticia.

A la larga, lo que importa es la realidad. Y los datos muestran, en primer lugar, que estamos ante un problema urbano: uno de los efectos de la política de seguridad democrática fue reducir los muertos rurales, ligados al conflicto armado y sus negocios conexos. Los 15 municipios con más homicidios en el 2010 fueron, en su orden, Medellín, Cali, Bogotá, Barranquilla, Cúcuta, Itagüí, Palmira, Cartagena, Pereira, Santa Marta, Caucasia, Villavicencio, Soacha, Tuluá y Manizales. Allí vive menos del 40 por ciento de los habitantes del país, pero se produce más del 60 por ciento de los homicidios. Y, en segundo lugar, para el 2012 se ve una reducción brusca en la violencia urbana, en la que se destacan Medellín, Itagüí, Barranquilla y Bogotá. Entre las grandes ciudades, la que tiene una tasa más baja de homicidios, la ciudad de la paz, es Bucaramanga, seguida por Bogotá.

¿Qué explica esta disminución en los trabajos de la muerte? Desafortunadamente, las estadísticas públicas siguen siendo de muy mala calidad o muy tardías, y no permiten dar explicaciones fundadas. Probablemente, el factor principal es la acción policial, que parece cada día más ordenada y eficiente, a pesar de su empeño discutible en presentar la mayoría de homicidios como ajustes de cuentas entre bandidos. Pero es posible que tengan mucho que ver cambios en las condiciones de los grupos locales de delincuentes. Y que algo influyan medidas como el control del porte de armas y las restricciones al alcohol, que logran reducciones inmediatas de la violencia, pero agotan pronto su eficacia.

En todo caso, lo que más hace falta, para complementar los esfuerzos municipales de prevención y control, es justicia: la Fiscalía no es capaz de descubrir a un homicida, a menos que el crimen sea en flagrancia o se lo confiesen los delincuentes, y esto ocurre sobre todo en asuntos relacionados con la ley de justicia y paz, que tienden a ser rurales y de algunos años atrás. Y mientras la mayoría de los que matan no tengan sanción alguna, la muerte seguirá en las calles.

Jorge Orlando Melo
Publicado en El Tiempo, 10 de mayo de 2012

 

 

 

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Ultima actualización octubre 2016
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