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Unas propuestas sencillas
 

Los maestros y expertos repiten en Colombia, desde hace unos 100 años, lo mismo: que hay que mejorar la calidad de la educación, que esta debe ser activa y centrada en los alumnos, que no hay que enseñar muchas cosas sino enseñar a pensar, que la calidad depende de lo buenos que sean los maestros y de la evaluación de los resultados.

Lo que no han inventado es cómo pasar, en este tema, de las declaraciones huecas a los hechos. Y por eso cada nuevo ministro de Educación dice que ahora sí la calidad estará en primer plano, y anuncia medidas generales que a la larga logran poco. Con algo de optimismo -después de todo, en los últimos 10 años se organizó al fin el sistema educativo del país- menciono cuatro áreas donde, en mi opinión, debería ponerse el acento:

1. Mejorar la enseñanza de lectura y escritura y la capacidad de los estudiantes en esta área. La lectura es la primera herramienta de aprendizaje en el mundo moderno y lo que explica mejor los malos resultados de los estudiantes del país es que no leen. Los colegios donde hay buenas bibliotecas y los niños leen sacan puntajes comparables con los de los mejores países del mundo, como lo mostré en 'Hacia un país de lectores', un texto que está en mi página de Internet. Bibliotecas de aula y computadores de uso libre son urgentes, fuera de algunos cambios en metodología.

2. Escoger buenos maestros. Las pocas cifras que se divulgan sobre el puntaje para entrar a carreras pedagógicas indican que, salvo pocas excepciones, elegimos a los peores bachilleres de cada año para que eduquen a los niños del futuro. La mala calidad de tantos maestros se trata de compensar con cursillos de pedagogía inocuos, que no tienen más efecto que mejorar los sueldos de los que los toman, o dar oportunidades de contratación y copia a algunas universidades. He propuesto hace años, sin éxito, una fórmula sencilla y barata: así como algunos empresarios inteligentes crearon becas para jóvenes con talentos musicales, y eso mejoró las orquestas del país, deben crearse becas atractivas para todos los estudiantes que estén en el nivel más alto de la prueba del Icfes que decidan seguir una carrera pedagógica. Chile adoptó este mecanismo hace poco, y el nivel de los estudiantes de estas carreras subió en forma inmediata y dramática.

3. Usar más agresivamente pruebas y evaluaciones. Colombia desarrolló, con gran esfuerzo y costo político, un excelente sistema de pruebas públicas. Pero se asustó con la piel del tigre, y sigue manejando los resultados como si fueran secretos de Estado, bloquea la consulta de información, la presenta de modo que no se entienda, y divulga algunos datos para mostrar siempre lo mismo: que los resultados son algo mejores y que hay colegios públicos a los que no les va tan mal. Si padres, maestros, periodistas, pueden usar esa información en forma fácil, con tablas completas e interactivas en las que sea posible comparar colegios y universidades entre sí, ver cuáles son las escuelas, áreas, regiones, niveles o tipos de institución que más han avanzado o decaído, cambiaría la relación entre los que prestan el servicio y los que lo reciben. Casi lo único que divulga el Icfes es el dato de los mejores bachilleres, que tiene poco que ver con la calidad de los colegios.

4. Usar los computadores e Internet en serio, para mostrar qué hacen los colegios que avanzan o se dañan más y para ofrecer en la red buenos contenidos. Si en el país hay 10 grandes profesores de matemáticas para los primeros grados (medidos por sus resultados), que ellos preparen los materiales para que los otros puedan aprovecharlos.

Algo de esto existe, pero nada parece prioritario. Por eso, no sería raro que dentro de 10 años el Ministerio informe, por enésima vez, que ahora sí se va a mejorar la calidad de la educación.

Jorge Orlando Melo
Publicado en El Tiempo, 22 de diciembre de 2011

 

 

 

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