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La tragicomedia electoral
 

Las recientes elecciones podían verse como un inmenso acto teatral, un anticipo del excelente festival que se abrirá esta semana en Bogotá. El país pasará del teatro electoral al literario y después volverá al gran espectáculo. Algunos espectadores pensarán que Enemigos, una historia de amor tiene que ver con la consulta conservadora y su eventual solución, o que El último trago alude a las acusaciones de que algunos funcionarios de la Registraduría trataron de reanimarse en la madrugada con algo de licor prohibido. Sería excesivo pensar que se trataba de La orgía, y después de algunos meses habrá que pensar, como Shakespeare, que hubo Mucho ruido y pocas nueces. Realmente los problemas de las elecciones estaban en otra parte, en la corrupción y el clientelismo, y en la exitosa actuación de Los demonios paramilitares que se dio en algunas regiones.

Pero la Registraduría fue un fiasco, y las explicaciones de sus fallas, o las que dieron sus contratistas (que hubo empresas que hicieron un ataque informático para tumbar la información en la red después del cierre electoral), son de comedia. Parece más bien que todo se hizo a medias y sin cuidado, sin prever el volumen posible de tráfico en la página de Internet, alterando las reglas sin suficiente análisis, y cambiando procedimientos ya probados por mecanismos inciertos. Pero ver allí el gran peligro para la democracia es un intento por desviar la atención, para que se olvide lo realmente grave.

Los resultados de las elecciones son, por otra parte, claros: la mayoría de los electores se sintió representada por quienes apoyan a Uribe, probablemente porque comparten su idea de que el gran peligro es elegir a alguien que muestre la más leve simpatía o tolerancia hacia las Farc o Chávez. Muchos de ellos piensan que frente a ese inminente e inmenso peligro hay que cerrar los ojos frente al paramilitarismo, el clientelismo o los dineros untados de lo que sea.

Las elecciones mostraron un avance interesante, pero por ahora minoritario, de los que piensan que vale la pena crear, así sea a plazo largo, una alternativa a la política extremista y polarizadora actual, pero sin rechazar el avance que representó abandonar la ilusión de una paz con base en concesiones políticas a la guerrilla.

Pardo, Mockus y Fajardo representan la idea de que hay que mantener la firmeza ante la guerrilla, pero sin justificar la ilegalidad ni tolerar la corrupción y el clientelismo; dar más peso a la defensa de los derechos humanos y el medio ambiente; modificar el modelo económico y social para subrayar la equidad social y el desarrollo de la productividad, con el apoyo de una fuerte inversión en tecnología y educación, y fortalecer la cultura ciudadana y democrática.

Promover este proyecto a largo plazo es difícil frente a los hechos electorales: si hay una segunda votación, es probable que en ella se enfrenten dos uribistas, y el 35 o 40 por ciento de ciudadanos que ven con simpatía algo diferente quedarán sin qué escoger. Solo un acuerdo oportuno entre ellos, muy difícil legal y políticamente, permitirá mantener esta propuesta viva hasta la segunda vuelta.

Tampoco les es fácil encontrar un mensaje claro y diferente, porque debe reconocer los éxitos notables del Gobierno, sobre todo en seguridad, aunque en muchas áreas los resultados sean muy pobres, y parece mezquino o nimio mostrar que, para lograrlos, se siguieron estrategias que debilitan las instituciones, carcomen la cultura democrática o invitan al odio y la intolerancia. La política de polarización, extremismo y descalificación es siempre más atractiva que la de moderación y acuerdo.

Por esto, los que tienen reservas serias frente al Gobierno tendrán que vivir cuatro años más de tensión y sobresalto, pero pueden mantener el ánimo para intentar algo distinto si creen que, como en la comedia de Shakespeare, "Siempre está bien lo que acaba bien".

Jorge Orlando Melo
Publicado en El Tiempo, 18 de marzo de 2010

 

 

 

Derechos Reservados de Autor. Jorge Orlando Melo. Bogotá, Colombia.
Ultima actualización octubre 2016
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