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Negros y blancos
 

En Colombia las leyes declararon la igualdad racial hace más de 150 años, en contraste con los Estados Unidos, donde esa igualdad legal no tiene 50 años.  En la década de 1960, con el apoyo de los presidentes Kennedy y Johnson y de la Corte Suprema, se quitaron las normas que impedían la admisión de estudiantes negros a las universidades del Sur o condenaban como criminales a los que se casaran con alguien de otra raza, se ilegalizaron los trucos contra el derecho al voto y se prohibieron las formas abiertas de discriminación laboral, residencial y social.

Estas reformas se lograron mediante luchas y confrontaciones en el que se destacaron, entre otros, como Malcolm X y Martin Luther King. El  primero defendía el nacionalismo negro, la idea de que la igualdad debía lograrse por la lucha de las mismas comunidades, que debían tener sus propios negocios e iglesias, comprarle a su gente, promover la educación de los jóvenes, impulsar un puritanismo  ético que los liberara del alcohol, la prostitución, el delito y los vicios inducidos por la sociedad blanca, dejar de depender de las ayudas sociales estatales. Había que recuperar el orgullo racial y la memoria de África,  y no confiar más en la buena voluntad y el paternalismo de los blancos y el Estado. Malcolm X era un orador extraordinario, capaz de pintar con encendida retórica la maldad o la hipocresía del  blanco, en  un discurso reivindicativo que algunos veían como racista e intolerante. 

Martin Luther King, otro brillante orador,  encabezó las luchas para que Estado y sociedad dieran trato igual a los negros. Su estrategia de no violencia, que contrastaba con los casi cuatro siglos de sangrienta opresión de los negros por los blancos, ayudó  a las poblaciones afroamericanas a recuperar la confianza  en su capacidad para transformar la sociedad.

Hoy el presidente de los Estados Unidos es negro y los republicanos, para no perder contacto con un país en el que el racismo, aunque aún muy estridente, ha perdido aceptación, han elegido como jefe de su partido a otra persona de la misma raza. Y en estos 40 años, mientras desaparecía la discriminación legal, la realidad cambiaba, aunque lentamente.  Para dar dos ejemplos, hace 40 años el ingreso promedio de una familia negra era 40% del de una familia blanca y hoy es  60%; la proporción de graduados universitarios blancos era entonces  2.5 veces la de los negros, y hoy es  1.5 veces.  Estas cifras muestran que la desigualdad real sigue siendo grande, como la segregación residencial de facto o la proporción de gente en la cárcel,  y que cambiar las leyes no es nunca suficiente. Pero probablemente el avance seguirá,  pues las políticas sociales que vienen ayudarán más a los grupos de ingresos bajos de los Estados Unidos.

Es difícil explicar este proceso social, muy exitoso si se compara con la situación de Colombia, donde a pesar de que llevamos más tiempo de igualdad legal, y dizque no tenemos racismo, la igualdad social y económica está aún lejos, y una población negra proporcionalmente mayor tiene mucho menos poder.

En mi opinión, la visión de los dirigentes negros, que impulsaron  estrategias políticas y programas sociales inteligentes y realistas, fue decisiva. El énfasis en la educación y en la capacidad y el poder propios, junto con la renuncia a la violencia, fueron  elementos centrales de esa estrategia, que se apoyó además en una gran presencia en las artes y  el deporte, y  en un florecimiento brillante de la sátira y la comedia,  que ridiculizaron el racismo y el paternalismo blancos.

El radicalismo desafiante de Malcolm X, el pacifismo valiente  de Martin Luther King parecen contradictorios, pero ambos ayudaron a convencer a muchos norteamericanos de que, como decía Malcolm X, “black is beautiful”.  

Jorge Orlando Melo

Publicada en El Tiempo, 5 de febrero de 2009

 
 

 

 

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